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Un mes intenso

1.Octubre.2009 - 18:15
Con la economía en el centro del debate político, septiembre ha sido un mes intenso en el Parlamento Europeo. El trabajo en la Comisión de Asuntos Económicos comenzó con el eco de los encuentros que habíamos mantenido con sendas delegaciones del Senado y del Congreso norteamericano. Desde entonces todo ha sido un no parar. A principios de mes, los ministros suecos nos explicaron sus prioridades en la materia para la presidencia de turno. Por el comité también han pasado los comisarios Almunia (economía) y Kroes (competencia) así como Jean-Claude Trichet (presidente del Banco Central Europeo), Juncker (primer ministro luxemburgués) y Sir David Tweedie (presidente de la IASB). Todas las comparecencias han estado seguidas por debates sumamente interesantes en los que se han puesto de manifiesto tanto las coincidencias como las muchas divergencias a la hora de hacer cara a la crisis económica. Muchas de estas diferencias se han escenificado en las reuniones en que hemos discutido paquetes concretos de legislación, como la regulación de los Hedge Funds y otros fondos de inversión alternativa. Trabajar en el Parlamento Europeo es en cualquier caso un privilegio porque la crispación es mucho menor que en la política de los diferentes países y sueles tener acceso a información de primera mano. De hecho no hemos tenido reparos en reunirnos con representantes de los principales bancos, de la City londinense, de las cajas de ahorros o los fondos de inversión. Conocer sus opiniones nos es de gran utilidad, pero esta vez no vale mantener el status quo. Pese a las presiones de la industria y de los políticos liberales, la actual coyuntura pone de manifiesto la necesidad de actuar para desarrollar una economía más justa y sostenible. Para ello ya estamos trabajando junto con el gobierno central en la gran oportunidad para la agenda de la izquierda europea que supone la próxima presidencia española.

Encima de la mesa tenemos asuntos tan candentes como la reforma de la arquitectura de la supervisión financiera, los requerimientos de capital para los bancos, el impacto de las ayudas estatales sobre el mercado común, la armonización de las normas contables, los planes de estímulo al empleo, la recuperación del dinero de los contribuyentes invertido en rescatar las entidades bancarias, poner cotas a las remuneración de los ejecutivos, la dolorosa restructuración de los sectores menos productivos de nuestra economía, la ampliación de la eurozona o la regulación de los mercados de futuros. La semana próxima votaremos la resolución del Parlamento Europeo sobre la pasada cumbre del G20, constituiremos la comisión especial sobre la crisis económica y discutiremos el impacto de la crisis en los países más desfavorecidos.

La otra noche, discutiendo una posible enmienda (la comisión propone que los estados puedan eximir a las empresas pequeñas de gran parte del papeleo contable), me volví a dar cuenta del gran impacto que tienen nuestras acciones y de la necesaria vocación de servicio de público. En muchas ocasiones la burbuja del Parlamento nos atrapa y nos envuelve en dinámicas poco comprensibles. Sin embargo, no podemos perder de perspectiva que, como en todos los trabajos, aquello que hacemos tiene consecuencias sobre el resto de las personas. El trabajo que ahora desempeño es muy diferente a todo aquello que había hecho antes, con todo el aprendizaje que ello conlleva. A veces me siento un poco inseguro, pero los errores que cometemos quedan más que compensados por la satisfacción de los pequeños pero gratificantes éxitos. Haber trabajado previamente con la delegación británica me hace, inevitablemente, tener un punto de vista en ocasiones diferente al de muchos de mis compañeros. Todo suma. Para colmo, tres de mis antiguos compañeros se encuentran ahora trabajando también para la Comisión de Asuntos Económicos con diferentes diputados. Además, Antolín, uno de mis nuevos jefes, es un tipo cojonudo.

Regresar al Parlamento también es motivo de alegría por el reencuentro con los muchos amigos que dejé aquí. Es cierto en esta ciudad resulta muy sencillo hacer amigos pues todos compartimos el sentimiento de desarraigo, pero también es complicado mantenerlos por ser esta una ciudad de paso. Sin embargo, Bruselas aún conserva pequeños comercios en los que compartir mágicos momentos con una apabullante cantidad de personas realmente interesantes. Librerías, galerías de arte y chocolaterías se agolpan por el centro de una bonita ciudad sólo afeada por las inclemencias meteorológicas. Sus parques no tienen nada que envidiar a los de otras capitales y museos como el africano guardan en su interior auténticas joyas. El ambiente cosmopolita es especialmente fascinante en una ciudad tan pequeña que todo se encuentra a una distancia cómoda de andar. De hecho, los ostentosos cocktails a los que nos invitan en ocasiones los lobbystas no resistan la comparación con las noches de teatro, jazz y kebab que ofrece este rinconcito de Europa.

En un plano más personal septiembre también ha sido un mes intenso. Tuve la oportunidad de a Derek Vaughan, un nuevo diputado británico que hizo honor a la fama de su pueblo contándonos cerveza en mano sus primeras impresiones sobre el peculiar funcionamiento del Parlamento. Cenas crepes en Estrasburgo después de infinitas horas en el laberinto del parlamento es otra de las muchas recompensas que tiene este trabajo. Reengancharme a la actividad orgánica del partido a través de su agrupación en Bruselas es también motivo de alegría. Las agrupaciones en el exterior son siempre especiales pera esta quizás lo sea aún más. Aquí nos juntamos exiliados de la posguerra, con jóvenes profesionales, funcionarios de las instituciones europeas, asesores políticos, trabajadores de las oficinas regionales, de la industria, las ong’s e incluso erasmus. Todos nosotros coincidimos en la convicción de que la militancia política, en tanto que significa intentar ser coherente con tus valores, viaja contigo aunque en muchas ocasiones tengamos los pies en Bruselas y la cabeza en España. Es precisamente gracias al extraordinario potencial de esta extraña convivencia que contamos con una red de contactos que nos permite traer ponentes como Ignacio Elorrieta, quien hace unas semanas nos estuvo hablando de cómo avanzar hacia una economía sostenible.

Algunos de los miembros de las recién creadas Juventudes Socialistas de España en Europa estuvimos cenando ayer con Mahfoudh Romdhani, vicepresidente del parlamento belga, nos invitó a cenar a su casa para hablarnos entre otras cosas de la importancia del compromiso con tu entorno - sea éste el que sea. Para dar pasos en esa dirección me he vuelto a acercar a Amnistía Internacional, me he apuntado a clases de alemán en el Instituto Goethe, me he sacado el abono anual de unos cines cercanos a casa y me he apuntado a un club de debate. Sin embargo todavía sigue siendo complicado escaparse del embraguiador olor a rica cerveza que desprende el entorno de los expatriados. Quizás debiera de empezar por leer la prensa local pero los periódicos belgas me recuerdan demasiado a los franceses y, como decía ayer un amigo, todos sabemos que los franceses cuando se quieren suicidar apuntan con la pistola un metro más alto que su cabeza por lo grande de su complejo de superioridad.

Este fin de semana son las jornadas federales de Izquierda Socialista y las elecciones en Grecia. En fin, querido aunque improbable lector; otro día hablamos de Alemania, Portugal y el tema de moda: la crisis de la democracia? no, su punto de inflexión.

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No me lo pidas

18.Septiembre.2009 - 19:46

No, no me lo pidas. Hablemos del G20, de las previsiones económicas hechas públicas por la Comisión, de la fuga de diputados socialistas en las cortes, las buenas noticias sobre el escudo yankee antimisiles  o de cualquier otro tema. Pero, por favor, no me pidas que hable de lo que ocurrió el pasado miércoles en Estrasburgo durante la elección de Barroso.

Ya que no me siento capacitado para aportar nada nuevo al debate sobre cualquiera de los asuntos que acabo de citar, prefiero hablarte de una experiencia personal. El fin de semana pasado, antes de acudir a Estrasburgo para la sesión plenaria del Parlamento Europeo, visité Alemania. No habría nada que resaltar fuera de mi rutina personal si no fuera porque (bendito instituto Goethe) conseguí después de años hilar más de dos frases consecutivas en la lengua de Lutero. Pero, aún más interesante fue vivir, aunque fuera por unas horas, la campaña electoral en un país diferente a aquellos en los que he vivido hasta ahora. Del debate entre los candidatos Merkel y Steinmeier no puedo dejar de resaltar alguna diferencia con nuestro país, a saber, por ejemplo, los periodistas parecían poner en apuros a los contendientes con sus incisivas preguntas. En cualquier caso, lo más emotivo para mi llegó a primera hora de la mañana del lunes cuando, en la estación del tren, compañeros del SPD estaban repartiendo panfletos electorales. Qué recuerdos.

Aprovecho nuestro reencuentro, eso sí, para hablarte de dos interesantes citas en el calendario. Este fin de semana participaré en la universidad de otoño de ATTAC Bélgica. Por otro lado, Izquierda Socialista celebrará próximamente en Madrid sus jornadas federales bajo el título “Crisis global, respuestas desde la izquierda”. En la conferencia que tendrá lugar los próximos 3 y 4 de octubre participarán, entre otros, Josep Borrel, Andrés Perelló, Manuel de la Rocha, José Antonio Pérez Tapias, Marcos Roitman, Vicent Garcés, Montserrat Colldeforns, Carlos Martínez y Juan Antonio Barrio.

Ya que nos ponemos al día, también te quiero contar que recientemente he dado un paso que llevaba bastante tiempo queriendo dar y me he apuntado a Trasversales. Trasversales, reza su página web, publicada por la asociación del mismo nombre en colaboración con Editorial Sepha, es una revista de opinión activista y reflexiva, rebelde, pacíficamente combatiente, abierta a todas las dimensiones de la actividad humana, en lo político, lo social y lo cultural. Nos mueven la pasión por la libertad y la beligerancia contra toda dominación, la fecundidad creativa de la duda y la capacidad transformadora de la acción.

Querido aunque improbable lector, seguimos en la batalla.

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