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	<title>Échale cuento</title>
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	<description>Relatos de Antonio Mora Plaza</description>
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		<title>Geraldy</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Nov 2010 15:35:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Esta vez me atreví. Recuerdo que cuando lo hube escrito me dirigí a casa de mis abuelos a todo correr: era mi primer relato a pesar de que había dejado hace algún tiempo la adolescencia. Hasta entonces había redactado, reescrito, adaptado, memorizado muchos cuentos y relatos, pero no eran míos: su inventor era mi abuelo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma">Esta vez me atreví. Recuerdo que cuando lo hube escrito me dirigí a casa de mis abuelos a todo correr: era mi primer relato a pesar de que había dejado hace algún tiempo la adolescencia. Hasta entonces había redactado, reescrito, adaptado, memorizado muchos cuentos y relatos, pero no eran míos: su inventor era mi abuelo Berto, pero este no, este era producto de mi sola fantasía. Cuando llegué no estaba mi abuelo y mi abuela Francisca me dijo: </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>-<em>Tu abuelo está con un asunto de los poligonales. Déjamelo, yo también lo leeré y se lo daré a leer cuando vuelva</em>. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>Eso hice. Dice el relato que…</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"> </span><span id="more-79"></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma">… un día Geraldy, una niña de 8 años, se quedó dormida y se despertó convertida en un águila. Mostrose entonces alegre porque podía volar, mirar el paisaje desde las cumbres y aprovechar las corrientes cálidas para descansar; también posarse en cualquier rama o pedrusco y desde allí otear el horizonte, vislumbrar los valles y contemplar los cielos. Notó que tenía fuertes garras, un pico agudo que no le molestaba la visión y unos brazos que, cuando los extendía, aparecían unas alas que apenas podía mantener el equilibrio si soplaba el viento. Sin embargo y a pesar de todo, sentía que era la misma niña que hasta el minuto anterior iba al colegio, allá, por tierras centroamericanas. Sí, Geraldy se sentía como la más hermosa y fuerte de las rapaces a la vez que pensaba como una pizpireta niña de ocho años. Y cuando estaba sumida en estos pensamientos se dio cuenta de que tenía hambre, se impulsó con sus patas y sus brazos alados y levantó el vuelo. Volaba feliz, pero hambrienta, a la espera de encontrar algún roedor que llevarse a la…, perdón, al pico. Pero Geraldy buscó, escudriñó, avizoró, pero no encontró nada comestible y su hambre, sin dejar de serlo, se convirtió en tristeza. Afortunadamente para élla no se preguntó nunca cuál era su esencia, como hubiera hecho el estagirita o sus retoños creyentes, los escolásticos. Y cuando la tristeza estaba a punto de convertirse en desolación, se dio cuenta de que podía pensar y recordar y se dijo: “<em>Es posible que en estas tierras, con sus valles y montañas de los que nunca he salido, no haya nada comestible propio de mi especie, pero quizá en otras tierras lejanas que yo he estudiado en el colegio en mi pasado humano sí lo haya, como por ejemplo, en los Andes</em>”. Y allí se fue y encontró alimento sin tener que cazar, con restos de cérvidos caídos de las montañas que los lugareños llaman <em>sierra. </em>Y tanto comió Geraldy que se quedó dormida y cuando despertó se encontró nadando en un río: sí, se había convertido en un pez.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>Geraldy nadaba y nadaba como lo que era: un pez. Notaba ella que no pesaba, que podía avanzar, ascender y descender en el líquido sin apenas esfuerzo; que podía comer todo tipo de alimentos con sólo abrir la boca, incluso peces más pequeños, y la alegría le hizo mover las… ¿aletas? y abrir las… ¿agallas? Sí, claro, ya no tenía esas hermosas alas que la sustentaban y ese fortísimo pico que apresaba y desgarraba, y casi la tristeza le invadió el corazón, pero entonces pensó: “<em>Para que quiero alas si aquí no hay aire, y para qué las garras si nada hay que se deja agarrar con ellas; en cuanto al pico, es mejor esta boca llena de dientes para la comida que yo puedo obtener en este mar de… agua</em>”. Se dio cuenta entonces que estaba pensando como cuando iba al <em>cole </em>y era una pizpireta: ¡sí, podía pensar sin dejar de ser un pez! Pero pensó aún más y cayó en lo siguiente: “<em>Lo mismo que puedo comer peces más pequeños que yo, a mí me podrán comer peces más grandes: ¡mucho cuidado!</em>”. ¿Pero cómo evitarlo? Y de nuevo pensó: “<em>Sí, aunque soy un pez que he heredado no sólo la facultad humana de pensar, sino también la vista del águila que fui, lo que haré será vigilar e impedir que ningún pez o cualquier otro animal marino más grande que yo o que no conozca se acerque a menos de 20 metros: eso será suficiente para mantenerme a salvo</em>”. Y así vivió Geraldy convertida en un pez, aprovechando sus cualidades rapaces y humanas y, aunque no recordaba lo inmediato -cosa propia de los peces-, nadaba, saltaba a veces fuera del agua, y comía. Pero un día comió tanto que se durmió a pesar de ser un pez, y cuando despertó se había convertido en… un <em>ratón.</em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>Sí, un día se encontró rodeada de tierra y a oscuras. Intentó extender las alas y no tenía, avanzar moviendo las aletas y tampoco pudo porque tampoco tenía aletas, y lo que había a su alrededor era una cosa dura, y cuando la angustia empezaba a invadir su corazón se dio cuenta que con las patas que tenía podía escarbar la arena; que aunque no tenía pico, tenía una fuerte boca y un olfato prodigioso y que podía escarbar la tierra guiándose por los olores y por unos pelillos que tenía en el hocico: sí, todo ello era adecuado para las cuevecillas que se encontraba a su paso y que recordaba -por su vida humana- que así se llamaban los recintos cerrados y subterráneos donde ahora habitaba. Y escarbando se encontró fuera de las cuevas, correteando, dando volteretas, olisqueando todo, incluso subiéndose a los árboles y se dijo: “<em>Todo esto no está nada mal porque tengo memoria y cualidades ratoniles, pero es que además puedo ver como un águila, sin duda herencia de mi vida anterior</em>”. Y una vez que estaba sumida en pensamientos tales vio de lejos un halcón que se dirigía veloz hacia ella creyendo que no podía verle; Geraldy, en cambio, con su vista aguilesca, le vio de lo lejos y se fue andando y silbando al refugio de donde había salido porque no necesitaba darse más prisa para ponerse a salvo. Y así, investida de tales cualidades, paseaba por la superficie, comía todo tipo de gusanos y frutos secos sin peligro alguno. Pero un día se sintió tan feliz y tanto comió que se durmió, y cuando hubo despertado se había convertido en una… <em>gata</em>.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>Al despertar notó que tenía unas garras enormes para su tamaño y unos dientes afilados. Por si fuera poco, lo que más notaba del cambio era su vista, porque tenía la misma que la del águila que Geraldy recordaba de su vida anterior de la anterior de la anterior. Además, ¡eran magníficos los saltos que podía dar, los equilibrios que podía mantener, la velocidad que podía alcanzar en pequeños espacios! ¡Hasta podía capturar a los pájaros! Tal era así, que un día le llegó al hocico un fuerte olor a pescado y, aunque no lo veía, pudo seguir su rastro con su olfato. Allí dirigió sus pasos y encontró un pez recién frito dentro de una caja extraña. Su instinto le pedía entrar en ella y tomar tan delicioso plato, pero entonces su lado humano heredado –y que aún conservaba- le llevó a pensar: “<em>Esa extraña caja no es obra de la naturaleza, sino de la mano del hombre y sé por mis estudios que se llama trampa y sirve para la captura de los animales en los que su instinto es más fuerte que su inteligencia. Me abstendré de comer porque es preferible el hambre a la cárcel: ya tendré otra oportunidad</em>”. Y eso hizo, y Geraldy, convertida en una gatita, fue feliz porque la combinación de sus cualidades felinas y humanas le preservaba de todos los peligros. Otro día se encontró en medio del campo cercado por un enfurecido perro y dudó un momento: ¡no sabía que hacer!, y cuando todo parecía perdido y amenazada su vida, se puso a escarbar en el suelo, hizo un hoyo grande para élla pero pequeño para el perro y se metió en él. ¡Sí, aún conservaba las cualidades del ratón, su instinto ratonil, y eso la salvó!</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>Así pasó su vida Geraldy, convirtiéndose cada vez que comía mucho y se quedaba dormida profundamente en una majestuosa águila, luego en un juguetón pez, más tarde en un inquieto ratón, para acabar en una gata saltarina y dicharachera, y así repetirse el ciclo una y otra vez sin nunca envejecer, porque en cada reencarnación volvía a la adolescencia. Y este es el final del cuento.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>De vuelta mi abuelo de sus andanzas poligonescas le espeté por su parecer acerca del relato y como siempre me sorprendió: </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>-<em>Es excelente para un principiante. Tiene fantasía y lo mejor, carece de… moraleja, y eso es más de lo que cabe esperar precisamente de un principiante, porque la moraleja persigue al neófito como el depredador a la presa. Así, al carecer de moraleja, nos libras de cualquier juicio moral, incluso si ese juicio es… kantiano</em>. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>Yo casi no le entendía, pero aproveché lo de kantiano para preguntarle sobre la filosofía de Kant y de nuevo la sorpresa: </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>-<em>Querido nieto, esa no es tarea de unas horas o de unos días, sino de toda una vida, al igual que la lectura del Quijote, el estudio de las geometrías, la música de Mozart, las pinturas de Picasso o las obras de Homero, Shakespeare o Calderón: sólo al final de la vida contemplarás sus bellezas por encima de su lógica o de su utilidad, sólo entonces endulzarás el anochecer con sus recuerdos</em>. <span> </span>Y mi abuelo se calló, tomó un libro de Spinoza que no recuerdo su título y se puso a leerlo. Yo le dejé sólo, en compañía de Lanas, su fiel can, y repasé el cuento. Nunca lo he vuelto a releer desde entonces: he dejado el juicio de su bondad a los lectores.</span></p>
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		<title>Leyenda apócrifa del Amazonas</title>
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		<pubDate>Thu, 21 Oct 2010 15:12:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Decía mi abuelo Berto que la dificultad del relato, cuento o leyenda es doble: por un lado ha de ser autocomprensivo, pero sin hojarasca. Todo ha de servir al conjunto y proceder como el escultor que ha de eliminar lo que sobra para conseguir su obra; la otra dificultad es la de lo inevitable de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Verdana"><span> </span></span><span style="font-family: Tahoma">Decía mi abuelo Berto que la dificultad del relato, cuento o leyenda es doble: por un lado ha de ser autocomprensivo, pero sin hojarasca. Todo ha de servir al conjunto y proceder como el escultor que ha de eliminar lo que sobra para conseguir su obra; la otra dificultad es la de lo inevitable de la moraleja, por lo que sólo debemos aspirar a despojarla del prejuicio del dogma y de la creencia hasta contemplarla descarnada, kantiana, para que sirva de modelo universal desde la libertad del creador. Este relato que encontré escrito en las últimas páginas en blanco de un libro de <em>Wittgenstein</em> pretende ser, según mi abuelo, un ejemplo de ello. Veámoslo. Dice la leyenda que…</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span></span><span id="more-73"></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>…cuando despuntaba el nuevo siglo XVI, arribó a las costas amazónicas una nave portuguesa comandada por el capitán Fernando de Sousa, que tenía fama de fanfarrón y mujeriego, y una tripulación de hasta 30 marineros. El capitán estimaba mucho a sus marinos porque solía decirles que “<em>eran más compañeros de fatigas que simple tropa marinera</em>”. Dice la leyenda que cuando tomaron tierra en la ribera donde habitan los indios tupís les dijo: </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma">- <em>¡No hemos venido aquí a la conquista de tierras para otros, aunque sean nuestros monarcas, y menos aún para nobles que luego las administren y se lleven los frutos de nuestros esfuerzos y nuestras vidas, sino para otro tipo de conquista. Es aquí fama la belleza de las indias tupíes, altas, morenas, de piel tostada, de ojos grandes y perfectas cejas. Esa será la única conquista, el único tesoro que nos llevaremos de regreso a nuestra patria. Tenemos dos semanas para dejar a Cupido vacío su carcaj!</em>”. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>Y así ocurrió, enamorando a cuanta india se le ponía en su camino, al igual que el resto de sus compañeros marineros. Sé que le resultará extraño al lector este comportamiento del capitán y su tripulación, pero no todo en la conquista fueron búsqueda de tesoros y eldorados para administrar porque, como decía mi abuelo Berto: “<em>el hombre –y la mujer- son un caleidoscopio de deseos e intereses donde todas la situaciones imaginables son posibles con tal de que no transgredan los límites de la verosimilitud, y aún ésta queda a veces renqueante antes hechos y hazañas nunca imaginados</em>”. Pero sigamos con la leyenda, porque sucedió que se enamoró el tal Fernando de Sousa de una india llamada Ciguapa que superaba en belleza al resto de las indias y a todas las mujeres que había conocido el capitán, cuya cifra pasaba del centenar. La primera semana era todo alcohol y placer, felicidad en definitiva para los rudos marineros, pero ocurrió que entrada la segunda semana muchos indios e indias empezaron a enfermar sin causa aparente. La historia ha descubierto posteriormente que ello era debido a la desprotección que tenían los indios ante las enfermedades contagiosas que portaban los europeos, inmunes estos a todas ellas. Ocurrió entonces que la bella Ciguapa enfermó también y cuando sintió que su final se acercaba llamó al capitán para declararle su amor y decirle su última voluntad de acuerdo con las costumbres de su tribu. Y eso hizo, pero no pasó ni un minuto del encuentro –que sería el último- de los enamorados, cuando el capitán salió despavorido de los brazos de su prometida y se internó en la selva como huyendo no se sabe de qué. Y no había pasado una semana cuando encontraron sus compañeros muerto al capitán, atravesado su pecho con una flecha por una tribu enemiga y con una carta aferrada a sus manos que había escrito apresuradamente. Decía la carta:</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>“<em>Mis marineros y compañeros, casi moribundo quiero explicar –aunque no justificar- mi comportamiento y deciros que corréis un grave peligro. Es costumbre en este pueblo que cuando la amada muere el hombre ha de ser enterrado vivo con ella para que así crezca el árbol tamba-tayá, cuyas hojas nacen pegadas dos a dos. Sólo os queda la huida. Tomad el barco cuanto antes, porque de lo contrario los amables indios tupíes os obligarán a casaros y ya sabéis el final. Mis fuerzas me abandonan…</em>”.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>Temerosos habían quedado los marineros, muchos de ellos ya comprometidos, cuando algo ocurrió que les dejó ya petrificados: una ola gigante se abalanzó sobre la costa y se tragó la hermosa nao en la que habían venido. Y aquí acaba la leyenda, al menos tal como la dejó escrita mi abuelo.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>Era curioso lo de mi abuelo: tan brillante en la oratoria y tan parco, aunque preciso, en la escritura. El decía que era por influencia de Kant, cosa que yo no discuto porque apenas he leído nada del filósofo alemán, pero quizá el lector avezado pueda entenderlo y entenderle. No obstante, decía él, que hacía excepción de la metáfora, porque sin élla no existe literatura, sólo mero oficio de funcionario. Mi abuelo era siempre radical, pero siempre coherente.</span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>El sueño del abrecartas</title>
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		<pubDate>Wed, 13 Oct 2010 12:28:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[- Hoy te has levantado muy pronto. Tienes mala cara, hijo. Quiero aprovechar para contarte algo importante. Sólo pensaba en el sueño horrible que tanto se repetía. Soñé que me levantaba con un abrecartas afilado y apuñalaba a mis padres mientras dormían, que la sangre fluía y no paraba, caía por las patas de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>- Hoy te has levantado muy pronto. Tienes mala cara, hijo. Quiero aprovechar para contarte algo importante.<br />
  Sólo pensaba en el sueño horrible que tanto se repetía. Soñé que me levantaba con un abrecartas afilado y apuñalaba a mis padres mientras dormían, que la sangre fluía y no paraba, caía por las patas de la cama y lo inundaba todo. ¡Parecía tan real!<br />
- Pesadillas, padre.<br />
- Tenemos que hablar. Has cumplido 18 años y tienes que saber que te hemos criado como a un hijo y así te queremos, pero eres adoptado.<br />
Tuve que sentarme para no caer.<br />
- Y que pasó con mis padres.<br />
- Es duro, pero tienes derecho a saberlo: tus padres fueron asesinados por unos supuestos ladrones mientras dormían.<br />
- Estarán en la cárcel, supongo.<br />
- Nunca fueron encontrados ni se llevaron nada.<br />
- Qué instrumento usaron.<br />
- Un abrecartas afilado.</p>
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		<title>El Oráculo</title>
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		<pubDate>Mon, 04 Oct 2010 13:18:42 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Todo empezó el día que me armé de valor y pregunté a mi abuelo el porqué de su empeño de que yo heredara su Biblioteca. Le dije que mi agradecimiento era infinito y que la cuidaría como una madre cuida a un hijo, pero que no quería ser ni instrumento ni objeto de discriminación o [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p> Todo empezó el día que me armé de valor y pregunté a mi abuelo el porqué de su empeño de que yo heredara su Biblioteca. Le dije que mi agradecimiento era infinito y que la cuidaría como una madre cuida a un hijo, pero que no quería ser ni instrumento ni objeto de discriminación o privilegio, que la familia era frondosa y yo una rama de tercer grado. Mi abuelo me dijo:</p>
<p>-Quiero romper la profecía, las palabras del oráculo indio, no perderé la riqueza que para mí es la biblioteca; además tu alma coincidirá en esta vida con la mía en el tiempo y así no se producirá la transmigración jainista de las almas y podré ser consecuentemente ateo.</p>
<p>En mi vida –poca aún- me había quedado tan estupefacto: no sabía nada de la índica profecía, de la creencia en la transmigración, ni en el empeño de mi abuelo en ir contra la profecía que el padre de mi abuelo había recibido en estigma en tierras indias. Interrogando a mi abuelo me dijo que él no estuvo en esas tierras orientales donde se profesa la no violencia, las tierras de Buda y Mahavira, del budismo y el jainismo, del valle del Indo, donde se escribieron los inmensos poemas de el Ramayana y el Mahabharata, donde se fundaron los poblados de Mohenjodaro y Harappa. Todo esto lo he sabido mucho después cuando concluí mi investigación acerca de la profecía. Días después mi abuelo, sentado en su sillón preferido me dijo sin que yo le preguntara nada:</p>
<p>-De joven tuve la osadía, la falsa modestia, de saberlo todo. Tarde me he dado cuenta de mi error. Quiero reparar el daño a mi alma transmigrante porque el pecado de la soberbia se paga con el olvido y la desmemoria.</p>
<p>Con la edad parecería que lo de panteísta había transmigrado de adjetivo engreído a sujeto protagonista y lo de ateo –que también lo era-, de orgulloso sujeto a precavido adjetivo. Entonces le pregunté por la profecía y él, casi a regañadientes, me la dijo. Dice así:</p>
<p>“Serás hijo de harapientos, pero rico</p>
<p>vivirás en medio de la riqueza, pero pobre</p>
<p>y cuando mueras no sabrás que fuiste pobre y rico, rico y pobre</p>
<p>y perderás toda tu riqueza antes de morir”</p>
<p>Y añadió:</p>
<p>-Yo no acabo de entenderla del todo, sólo en parte. Yo quiero romperla y tú me servirás doblemente para interpretarla y romperla.</p>
<p>Y entonces mi abuelo me soltó la divagación que sigue:</p>
<p>-Hay que interpretarlos con amplitud de miras: sin oráculos no habría Edipo, Macbeth, Segismundo. El teatro es hijo de la ambigüedad, de la polisemia, del engaño y la traición, que todo viene a ser lo mismo. Y todo ello adulterado con la metáfora, que es la mentira de los dioses. Y sin embargo, sin metáfora no habría arte, sólo descripción. Interpreta, muchacho, interpreta.</p>
<p>Mi abuelo tapaba la incredulidad de sus palabras con la fascinación de la sorpresa: no había tiempo para reponerse y pensar.</p>
<p>Y un día, cuando mi abuelo hacía 5 años que había muerto, me fui a la actual Pakistán, a tierras de Harappa, al poblado del río Ravi donde ¿predicó? mi bisabuelo el castellano y dejó escuela, y dónde hubo un templo famoso por sus oráculos. Allí me encontré a un monje jainista que le conoció y que sabía de la profecía porque era el escribano del oráculo, el notario de sus palabras o, como él decía poéticamente –para el gusto occidental algo cursi- “el viento de los destinos”. Charlamos largamente porque el hablaba el castellano fruto de la siembra del padre de mi abuelo. Poco a poco fui descubriendo los secretos de la profecía, algunos evidentes y otros no tanto, que luego se verán. A mí me inquietaba si, a la postre, mi abuelo se había salido con la suya, había roto el destino, desacreditado el oráculo, contradicho lo profético. Y así estábamos cuando apareció un niño de poca edad y me sorprendió la reprimenda que el monje le echó; el niño se alejó mirándome con una curiosidad y una altanería impropia de su edad. El monje, ante mi cara de estupor y desagrado, me dijo:</p>
<p>-Es mi hijo como podéis haber imaginado. Todo su afán es salir del entorno del templo cuando no está en la biblioteca con los profesores y resto de los alumnos. Parece mayor porque habréis podido comprobar su altura, pero sólo tiene 5 años recién cumplidos. Afuera acechan delincuentes de toda laya y no puede mezclarse. Sueña con visitar Occidente, sueña a veces con ciudades donde se mezclan lenguas y religiones, donde se pisa sobre tesoros escondidos, donde el sol caliente pero no quema, donde la lluvia moja pero no empapa; sueña con ciudades como belenes rodeadas de secas tierras y claros cielos. Si lo deseáis podéis hablar con él; no os preocupéis porque tiene el don de lenguas y os entenderá.</p>
<p>Agradecí su ofrecimiento, pero ya había tenido bastante y decidí volver sin hablar con el niño por miedo a que la razón y la ciencia no cuadrara con la intuición que me salía a borbotones.</p>
<p>¡Ah, se me olvidaba! He de explicar mis pesquisas acerca de la profecía. No es complicada: “Serás hijo de harapientos, pero rico”. En efecto mi abuelo –porque la profecía se refería a mi abuelo y no a su padre- era hijo adoptivo de los naturales de Harappa, aunque el patronímico aceptado es harapenses; y rico porque mi abuelo lo era al menos intelectualmente. “Vivirás en medio de la riqueza, pero pobre”. Estará claro para el que haya leído el relato de “El Alquimista de Toledo”, donde mi abuelo tenía una casa y sabía de la tumba del alquimista que transmuto sus huesos en oro y en un rincón del cementerio reposan, justo muy cerca de su finca. “Cuando mueras no sabrás que fuiste pobre y rico, y rico y pobre”. ¿Sabía mi abuelo lo anterior a la hora de su muerte? A mi abuelo le sobraba perspicacia para eso y mucho más. “Y perderás tu riqueza antes de morir”. La riqueza, claro está, era su biblioteca, que me legó.</p>
<p>¿Se cumplió entonces el oráculo o no?: que el lector lo juzgue. Yo en cambio sigo pensando en la muerte mi abuelo hace 5 años, en el hijo del monje jainista de 5 años, en su don de lenguas, en la descripción de la ciudad de sus sueños y en la transmigración de las almas, y una sombra recorre mis certezas: ¿consiguió mi abuelo romper el mito de la transmigración declarándome heredero de la biblioteca para que coincidieran su alma, mi alma y su riqueza? ¿Logró evitar su reencarnación? A veces he deseado volver a Harappa y hablar con el hijo del monje jainista, pero no he tenido valor. Quizá algún día.</p>
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		<title>En una cárcel de Babilonia</title>
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		<pubDate>Thu, 09 Sep 2010 14:14:02 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Un sumerio y un acadio han ido a la cárcel hace 18 siglos: el primero es un farmacéutico acusado de robo; el acadio, un noble acusado de conspirar contra el Emperador. Un día el acadio oye: “Carceleros, respondéis con vuestras vidas del cumplimiento de sus condenas y también de sus vidas”. El acadio se lo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un sumerio y un acadio han ido a la cárcel hace 18 siglos: el primero es  un farmacéutico acusado de robo; el acadio, un noble acusado de  conspirar contra el Emperador. Un día el acadio oye: “Carceleros,  respondéis con vuestras vidas del cumplimiento de sus condenas y también  de sus vidas”. El acadio se lo comenta al sumerio. El sumerio medita y,  de pronto, se le ilumina la cara, sonríe, coge una bolsita de los  bolsillos de su levita, toma su contenido, escribe una nota y cae  aparentemente muerto. El acadio llama al carcelero y éste encuentra la  nota al sumerio que dice: “Sé dónde está el antídoto; apenas tenemos un  atardecer. Sacadme de aquí o moriré y moriréis, carceleros”.</p>
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		<title>Midas en el desierto</title>
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		<pubDate>Thu, 15 Jul 2010 18:18:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Un día, al salir del colegio de mis estudios de bachillerato, me dirigí a casa de mi abuela casi corriendo con la esperanza de encontrar a mi abuelo Berto, porque tenía una pregunta que se me hacía original y me martilleaba las sienes. Sin embargo, mi contento se vino abajo al instante y creo que [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma">Un día, al salir del colegio de mis estudios de bachillerato, me dirigí a casa de mi abuela casi corriendo con la esperanza de encontrar a mi abuelo Berto, porque tenía una pregunta que se me hacía original y me martilleaba las sienes. Sin embargo, mi contento se vino abajo al instante y creo que nunca hice el ridículo como entonces: nunca una pregunta mía despertó tantas risas en mi abuelo. Cuando aflojó su risa, y viendo que yo no declinaba la mirada porque ya entonces afloraba en mí algo de soberbia, se calló de golpe y me contestó con un cierto balbuceo; luego, tragando saliva, me dijo lo que el lector comprobará. Ahí va la pregunta: </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma">- <em>¿Abuelo, porqué las cosas valen lo que valen?</em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><em><span style="font-family: Tahoma"><span> </span></span></em><span style="font-family: Tahoma">Y esta fue su respuesta que transcribo literalmente: <em></em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma">- <em>¡Caramba, veo que no te conformas con aprender lo que te exigen en el colegio, sino que vas más allá! No vayas tan deprisa, porque por ese camino llegarás demasiado pronto a las preguntas que, o no tienen respuesta, o la tienen ambigua, o no la tienen desde el conocimiento, que es como decir que no la tienen, con la desventaja de que la mayoría de las personas creen tenerla sin saber precisamente que lo que tienen es mera creencia. A la postre, no es mala pregunta y no tengo respuesta solvente. No sé tanto como supones, pero sí lo suficiente como para saber que es un problema económico –quizá el problema económico por excelencia- que ha engendrada mas respuestas y ninguna definitiva. Para mí las cosas valen aquello por lo que estamos dispuestos a pagar por ellas, cueste lo que cueste hacerlas. Verás, nieto, tu pregunta es de esas preguntas que exige para hacerla una madurez por encima de sus plausibles respuestas. Con esta pregunta, si la has meditado, tengo que darte una mala noticia: has dejado de ser un niño. Pero más que una respuesta de historias y teorías te voy a contar una leyenda que, como decía el gran Don Miguel, “viene como de molde”. Dice la leyenda…</em> </span><span id="more-61"></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>…que iba por el desierto un persa en su camello que arrastraba a su vez a 3 camellos cargados de té, tabaco, dátiles, arroz y seda para venderlo en Bagdad, la ciudad de los jardines, cuando fue asaltado por 3 árabes que le amenazaron con sus alfanjes y le dijeron: </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma">- <em>Persa, detén tu marcha. Sólo queremos de ti lo necesario para sobrevivir en Bagdad una semana. No somos ladrones y si estamos en esta necesidad es porque ladrones de verdad nos han asaltado y nos han quitado todo; a cambio te damos esta botella mágica de la que decía su anterior poseedor que sólo ante la llamada de un persa el genio mostrará su humeante presencia</em>. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>No estaba convencido el persa de tener que recurrir al genio hasta que hizo recuento de lo que los ladrones de ocasión le habían dejado y se dijo: </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><em><span style="font-family: Tahoma">- No siempre la intención cuadra con los hechos, buen Zoroastro, pero esta vez nunca han estado ambos tan distanciados. Estos ladrones se han llevado demasiado como para vencer la tentación de llamarte, genio embotellado: ¡hazte presente y escucha mis deseos!</span></em><span style="font-family: Tahoma">”. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>Y el genio dejó su caparazón de vidrio y, cruzándose de brazos, dijo: </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma">- <em>Espero que tus deseos hayan merecido el despertar de mi sueño centenario. Cumpliré con ellos siempre que no te perjudiquen a ti y al resto de los humanos que fatigáis en estas dunas</em>. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>Y el persa, sin meditar demasiado, le pidió que convirtiera en oro todo cuanto tocara para así resarcirse de las pérdidas que instantes antes había padecido. A ello el genio accedió, pero le advirtió: </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma">- <em>Sea, se cumplirán tus deseos, pero no estoy seguro de que puedas cumplir las condiciones que te he puesto respecto al perjuicio tuyo y ajeno. Te concedo el “don de midas”, pero…</em> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: center" align="center"><em><span style="font-family: Tahoma">…medita antes de obrar,</span></em></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: center" align="center"><em><span style="font-family: Tahoma">mejor aún, aprende a renunciar</span></em></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: center" align="center"><em><span style="font-family: Tahoma">y, todavía mejor, no renuncies a meditar</span></em><span style="font-family: Tahoma">.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: center" align="center"><span style="font-family: Tahoma"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>Apenas entendía el persa las palabras del genio, que ahora volvía a la botella. Pensó que no había accedido a sus deseos, pero estaba equivocado, porque cuando fue a abrir la bolsa en la que llevaba los dátiles que los ladrones le habían dejado, comprobó que según rozaba el sabroso fruto con los dedos de su mano aquéllos se convertían en un oro puro; lo mismo ocurrió cuando tomó un puñado de arroz; y otro tanto cuando hizo lo propio con el té. Al principio sintió contento, pero este se acabó cuando le pudo el hambre y vio que no tenía nada para comer. Eso sí, ahora tenía muchas onzas de oro. El persa se arrodilló y encerró su cabeza entre sus brazos en señal de desesperación y cuando la levantó vio a su camello muerto: había bebido el agua que previamente él había tocado y se había convertido en oro líquido en el estomago del animal. Entonces calló en la tentación del suicidio, pero no podía por dos cosas: porque su religión se lo impedía y porque no tenía instrumento que sirviera para tal fin. Se tumbó en el desierto y<span> </span>rezó en arameo esperando que las dunas le llevaran al Paraíso de Zoroastro. Y cuando estaba en esa actitud aconteció que se acercó un beduino que iba en un camello del que colgaba ostensiblemente un pellejo de agua, y el persa, sacando fuerzas de flaqueza, se dirigió al árabe en estos términos: </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma">- <em>Beduino, nómada de este desierto, te ruego por la ciudad de Petra que tanto estimáis, que me dejéis beber de ese pellejo hasta acabar mi sed y me llevéis con vos a cambio de todo este oro que veis relucir y que es suficiente para retiraros de las fatigas del trabajo, del vagar por estas tórridas arenas por el día y de dormir al raso en los fríos anocheceres. Además del oro que ahora podéis contemplar y tocar puedo daros tanto como queráis, porque un genio me ha otorgado el don de midas y puedo convertir en oro todo cuanto toco</em>. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>El beduino, sin bajarse de su camello le contestó: </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma">- <em>Aunque nunca he oído hablar de ese don te concedo que la verdad esté contigo, pero el agua de mi pellejo sólo da para mí y para mi camello y para llegar a Bagdad, y necesitamos precisamente ahora beber ambos</em>.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>El persa, que por los efectos del calor y la falta de agua ya empezaba a alucinar, le contestó de esta desafortunada manera: </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma">- <em>Llévame contigo, tú bebe lo necesario y la parte del camello dámela a mí a cambio de todo el oro que pueda cargar. Vayamos así hasta que tu animal resista y luego encaminémonos a pie a la ciudad. Es la mejor solución para ambos</em>. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>Miedo sintió el persa al ver al beduino bajar de su camello con un alfanje en la mano, un libro en la otra y los ojos ensangrentados. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma">- <em>Mi camello –</em>dijo el beduino<em>-, persa desalmado, no es sólo mi transporte, sino mi compañero. Me habéis propuesto una crueldad, porque no la hay mayor que dejar a un compañero que muera de sed. Si me hubierais propuesto matarle sin hacerle sufrir habría accedido; ahora sé que no os importa el sufrimiento ajeno y no me fío de vos como compañero de viaje. Tomad mi alfanje por si necesitáis del suicidio y este libro de oraciones por si también necesitáis poneros a bien con vuestro dios. Podría ahora daros unos sorbos, pero sería crueldad porque eso sólo supondría alargar vuestra agonía. Pensad en paraísos de oasis donde se bañan morenas mujeres de largos cabellos y ojos como dátiles, y la agonía se os hará más llevadera</em>. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>Y dice la leyenda que en los desiertos de Arabia vaga entre las dunas, cual escarabajo egipcio, un esqueleto de oro de un persa desafortunado que suplica en las noches: <em>¡todo el paraíso de Zoroastro<span> </span>por un sorbo de agua, tan sólo por un sorbo… de agua!</em></span></p>
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		<title>El vaso de leche</title>
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		<pubDate>Thu, 08 Jul 2010 17:39:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[“Ahora se alimenta de ricachones, la muy víbora”. Sí, se lo habían dicho muchas veces sus amigas, pero tenía 3 hijos y los tenía que alimentar; también 3 casas hipotecadas. Hasta ahora los divorcios habían sido su fuente de financiación. El primer marido era un joven e ingenuo operador de bolsa; el segundo, un vago [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>“Ahora se alimenta de ricachones, la muy víbora”. Sí, se lo habían dicho muchas veces sus amigas, pero tenía 3 hijos y los tenía que alimentar; también 3 casas hipotecadas. Hasta ahora los divorcios habían sido su fuente de financiación. El primer marido era un joven e ingenuo operador de bolsa; el segundo, un vago de la alta sociedad pero con muchas propiedades; el tercero, un jugador arruinado: su boda con María fue su última apuesta y, claro, perdió. Ella era una farmacéutica que aprendió el arte de la farmacopea, guapísima y viajada. Cuando pensaba esto, se despertó el último marido, Cecilio, un contratista. “Cariño, ¿por qué me despiertas si hoy es domingo?” dijo él. “No he sido yo, es que no te has tomado el vaso de leche que te he preparado. Tómatelo y verás como coges el sueño&#8221;, dijo ella.</p>
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		<title>Historia de dos caballeros</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Jun 2010 17:15:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El relato que sigue, por las consideraciones que se avecinan, siempre lo recordaré, no porque sea el más profundo de los relatos que me contara mi abuelo, tampoco por su extensión e importancia, menos aún porque en él se dibujen virulentas pasiones o arraigados sentimientos. Nada de eso. Lo recuerdo por lo abatido que encontré [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><!--[if gte mso 9]&gt;  Normal 0 21       MicrosoftInternetExplorer4  &lt;![endif]--> <span style="font-family: Tahoma">El relato que sigue, por las consideraciones que se avecinan, siempre lo recordaré, no porque sea el más profundo de los relatos que me contara mi abuelo, tampoco por su extensión e importancia, menos aún porque en él se dibujen virulentas pasiones o arraigados sentimientos. Nada de eso. Lo recuerdo por lo abatido que encontré a mi abuelo sin ningún motivo aparente o cercano. Su estado era fruto de la memoria. Entonces, para darle ánimo, le hice una serie de consideraciones originadas por la ingenuidad que dan los pocos años, sin percibir que entre el tiempo vital de uno y otro había un muro que no se podía saltar: a lo más escuchar los ecos del otro lado. Le dije entonces: </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>-<em>Abuelo, por todo lo que contáis y, sobre todo, por lo que yo he podido averiguar, creo que debéis estar satisfecho de vuestra vida. Habéis luchado por vuestros ideales, casi siempre con éxito. En cambio hoy os encuentro apesadumbrado, y le he preguntado a la abuela si algún acontecimiento penoso reciente ha ocurrido y su respuesta ha sido negativa. No os quiero importunar y si deseáis que os deje, eso haré</em>. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>A esto respondió mi abuelo: </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>-<em>La satisfacción del resultado depende de la meta, es cierto, y, en general, estoy satisfecho, pero te diré, mi más agudo nieto, que no siempre he tenido éxito. Eso era de esperar, pero esa no es la causa de mi pena. Sólo en un caso he fracasado estrepitosamente, pero ese fracaso ha sido de tal naturaleza para mí y para este país, que nada de lo acontecido con éxito lo puede paliar. Te lo contaré algún día; ahora sólo te adelantaré que no pude evitar que asesinaran al príncipe de los duendes, al toreador de la metáfora, al corazón más sensible que jamás se me ha dado conocer. ¡Ay Rosales!, ¿tú tampoco o tú también? Quizá por eso he escrito tantas cosas en todos estos libros, con la esperanza de que un hijo hiciera lo que tú haces, nieto, porque yo, como hombre de acción, soy incapaz de escribir las memorias. La muerte de un inocente es, per se, el fracaso de la justicia, y cuando hay un asesinato como el que te he referido con tan leves pistas sólo nos queda nuestra memoria para perseguir a los asesinos de vidas y razones</em>. Entonces quedó mi abuelo callado y tras un largo silencio pude adivinar que una lágrima caía de sus ojos. Es verdad que de eso hace tiempo y ahora que redacto todo esto no puedo fiarme de mi memoria. En cambio, también con el tiempo, estoy seguro a quién se refería mi abuelo: ¿lo sabría el lector?</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span id="more-54"></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>Volviendo a aquella tarde y cuando ya se agotaba el día, mi abuelo me dijo lo que sigue: </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>-<em>Quiero cambiar de tercio. Nunca te he contado un cuento o leyenda de nuestra vieja Europa, salvo, claro está, las referidas a nuestras Españas. Te narraré una septentrional. Los septentrionales son hijos de la bruma, el frío y la meditación, mientras que los meridionales lo somos del Sol, el cante y la conversación, y estas tres cosas juntas allanan el camino al dulce pecado de la sensualidad. Reír, cantar y bailar son cosas que un septentrional no puede hacer sin que el manto de la culpa le amenace con el arrepentimiento; para un meridional, incluso si es creyente, piensa a lo más que son pecadillos de monja siempre perdonables, porque la satisfacción de la fiesta supera con creces cualquier mala conciencia: El viejo Mefistófeles nada puede hacer con el juguetón Cupido, y Don Carnal aventaja a Doña Cuaresma en la satisfacción del recuerdo</em>. <span> </span>Le contesté que no le entendía del todo y me dijo: </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>-<em>Viaja, lee y reflexiona, y cuando tengas mi edad, si no has caído en el negro pozo de alguna creencia, me recordarás, me entenderás y compartirás lo que digo. Es cuestión de tiempo y de la… risa</em>. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>Ahora sí que quedé despistado. Menos mal que mi abuelo siguió sin que yo le preguntara nada. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>-<em>Ríe cuanto puedas, porque la risa es un antídoto devastador para cualquier dogmatismo: lo diluye como azúcar en café. Y ahora vayamos al relato. Dice la leyenda que…</em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>… en un reino de Alemania, en el Medievo, gobernaba el sabio Maximianus. Y en ese reino había dos caballeros, uno listo y otro tonto, y ambos habían llegado a un pacto para que la suerte del uno fuera la del otro, pasara lo que pasara. Hay que decir que estos pactos y otros de semejante jaez eran muy habituales entre caballeros en el Medioevo. Y ocurrió que andando los caminos encontraron una ciudad que el recopilador, el gran escritor alemán Hermann Hesse, no nos dice su nombre. A la ciudad se accedía por dos caminos diferentes a cual más peligroso: el primero estaba protegido por aguerridos guardianes que impedían el paso a cualquier forastero, pero si conseguías derrotarlos el paso quedaba franco; el segundo camino era todo facilidad, pero una vez en la ciudad era seguro que su alcalde –que llaman en esas tierras senescal- te apresaba, te llevaba al juez acusándote de intruso y el castigo era la horca. En ambos casos, por ambos caminos, parecía casi imposible sobrevivir. Del primer camino era partidario el caballero listo porque además era valiente –o sobre todo por eso-, y prefería el combate a muerte al juicio sin posibilidad de una sentencia de inocencia; el caballero tonto, por el contrario, era partidario del camino fácil, aunque el final hubiera el juicio que ahora se verá. El caso fue que, por increíble que parezca, el caballero tonto convenció al caballero listo, y ambos siguieron el camino fácil. Ocurrió entonces lo esperado: fueron detenidos por el senescal, llevados al juez y a ambos les explicó el magistrado que eran culpables del delito de intrusismo y que la pena era la muerte. Por último, les preguntó si tenían algo que alegar. El caballero listo respondió en primer lugar: </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>-<em>Yo, señor juez, era partidario del otro camino porque yo no rehúyo el combate, pero ambos juramos que nuestro destinos irían hermanados y accedí a los deseos de mi compañero por no romper el juramento</em>. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>El juez entonces le dijo al caballero tonto que no por serlo dejaba de tener derecho a la última palabra, y el caballero tonto habló de esta manera: </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>-<em>¿No es cierto señor juez que tan importante es el hecho como la intención?</em>. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>El juez, algo contrariado, asintió con la cabeza y el caballero tonto continuó: </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>-<em>Entonces uno de los dos no tenía intención de someterse a este juicio, por lo que uno de los dos es inocente, y lo es el caballero listo</em>. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>El juez, ahora asombrado del discurrir del caballero tonto, le dijo: </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>-<em>No pareces tan tonto como te reputas, porque tienes razón, y no se puede condenar de la misma forma hechos con intenciones contrarias. Yo diría que uno de los dos es inocente, y lo es el caballero listo</em>. </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>Y ahora vino el asombro del juez y de los presentes, porque el caballero tonto prosiguió: </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>-<em>Aquí, mi compañero accedió a mis deseos sabiendo que eran la perdición de ambos; además no ha imaginado la contradicción que incurriría usted señor juez condenando a dos hombres con intenciones contrarias. Con todo esto, y si el caballero listo ha de ser inocente y el tonto culpable –o al revés-, ¿podría, señor juez, señalar sin género de duda cuál de ambos es el caballero listo y cuál el caballero tonto?</em></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>El juez, que no salía de su asombro por el razonamiento del caballero… último, pronunció dos palabras que jamás pensó que diría para estos juicios:</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: center" align="center"><span style="font-family: Tahoma">“<em>Inocentes ambos</em>”.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: center" align="center"><span style="font-family: Tahoma"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>Y aquí acaba la historia”.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"> </span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>Y mi abuelo después de esto se quedó dormido con un libro en la mano: eran las “Leyendas Medievales” de Hermann Hesse, con unas notas a pluma que decían: <em>“Cualquiera que lea la leyenda de los dos caballeros verá las diferencias entre la versión de Hesse y la mía. La de Hesse es la canónica y ambos caballeros son condenados a muerte porque les falta la argumentación del supuesto caballero tonto. Hermann Hesse se atuvo a lo conocido sin percatarse de que si ambos eran condenados la leyenda carecía de sentido. Pero esta leyenda y otras muchas del libro proceden de la época del Imperio Romano y una cultura que ha dado a Virgilio, a Apuleyo, a Séneca, a Plauto, no puede caer en la trivialidad del relato de Hesse. Sólo desde la trampa del sentido común del cristianismo se puede cambiar el arte por la trivialidad de la moraleja. Y esto fue lo que ocurrió”</em>. <span> </span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify"><span style="font-family: Tahoma"><span> </span>Y aquí y así acabó la velada. </span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Marduck y Baltasar</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Jun 2010 19:02:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Era normal que fuera yo el se presentara en la biblioteca de mi abuelo para charlar con él, hojear sus libros o, simplemente, hacerle compañía. Sin embargo, un día fue él el que me llamó y me dijo: “Querido nieto, ya sabes que tengo muchos años y siento que la naturaleza ha trazado ya casi [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Era  normal que fuera yo el se presentara en la biblioteca de mi abuelo para  charlar con él, hojear sus libros o, simplemente, hacerle compañía.  Sin embargo, un día fue él el que me llamó y me dijo: “<em>Querido  nieto, ya sabes que tengo muchos años y siento que la naturaleza ha  trazado ya casi todo su curso. Te quedaste huérfano en temprana edad  y sé que he sido para ti más que un reverente anciano el padre ausente.  Estás dotado de grandes cualidades, pero tienes que saber que no siempre   la virtud lleva a la felicidad. Debes administrar la generosidad con  la astucia suficiente para que el egoísta no cobre ventaja. Sé  que esto es fácil de decir, pero muy difícil de amarrar. A modo de  ejemplo y huyendo de cualquier tentación moralizante propia de los  que creen que sus principios están escritos en tablas indelebles, te  contaré una leyenda babilónica que permite la reflexión sin descuidar  el entretenimiento</em>”. Y mi abuelo comenzó la siguiente narración.  Dice el cuento que…</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">…un  zapatero, que antes fue comerciante, tenía un cachorro de perro que  se llamaba Marduck y una gata cumplida en años que se llamaba Baltasar.  Estamos en Babilonia en el año 605 a.c., riquísima ciudad, poblada  por más de 300.000 almas, cruce de caravanas, lugar de lujuria para  unos, depósito de la felicidad para otros, ombligo de civilizaciones  para los más, centro del Mundo. Gobierna el gran Nabucodonosor II.  El ingenuo zapatero, aunque gran amante de los animales, daba de comer  a la vez y juntos a sus animalitos antes de ir a su tarea de echar  suelas  de esparto a los zapatos y coserlos con finas cuerdas traídas de Arabia.   Pero cuando se quedaban solos, la astuta gata cogía entre sus dientes  todas las tajadas de carne y pescado que podía, saltaba la valla que  separaba la zapatería y a los pies de la misma enterraba las viandas  para que su familia minina, que no tenían la suerte de tener un amo  -tres gatitos y sus ancianos padres-, pudieran comer algún bocado al  cabo del día. Y la gata decía para sus adentros: “<em>lo siento joven  chucho, pero eres de otra raza y antes están los míos. Además no  soporto tu olor y ese trato de favor y esas babas que se le caen a  nuestro  amo cuando juega contigo; en cambio conmigo y, a pesar de ser un ser  superior como felino que soy -pariente de tigres y leones- apenas me  pasa la mano por el lomo dos o tres veces al día. No, no soporto esta  discriminación</em>”. Y pasaron unos meses y el pobre cachorro estaba  cada vez más escuálido, fruto del poco comer y de su mucha actividad,  y un día era tan fuerte el hambre que se escapó de la casa. El zapatero  quedó compungido y, en cambio, la gata parecía más oronda que nunca.  Sin embargo el cachorro tuvo suerte y dio a parar en casa de un cocinero   que cocinaba para el ejército del rey y enseguida recuperó el peso,  la salud y la felicidad. Pero el perro añoraba la casa de su más tierna  -aunque hambrienta infancia- y a su amo anterior, y un día mirándose  en un friso que reflejaba parcialmente su imagen se dijo: “<em>soy  lo suficientemente grande para enfrentarme al minino egoísta y juro  que me vengaré</em>”. Y volvió a casa del zapatero, su antiguo amo.  Este le reconoció, le abrazó y le dijo: “<em>La fortuna ha querido  que encuentres tus orígenes. Aquí  estamos, tu amo y tu compañera de los primeros juegos, Baltasar</em>”.  Marduck pensó: “<em>este amo es la personificación de la ingenuidad,  pero yo le haré despabilar</em>”. Y nada más llegar a la casa sometió  a persecución a la gata, ocasionando el máximo estropicio posible  entre los enseres de su dueño con el fin de que se cansara de él,  de la gata o de ambos y los echara de la casa. Pensaba Marduck: “<em>yo  no tengo nada que perder, porque en el peor de los casos volveré  con los amos anteriores simulando extravío, donde por cierto se come  hasta reventar</em>”. Y, en efecto, llegó el día en el que el amo  se cansó, los tomó a los dos por el cuello como cogen las madres de  perros y gatos a sus cachorros y les dijo: “<em>Ya no lo soporto más:  ambos sois incompatibles. He perdido clientes con vuestras peleas a  todas horas, me habéis destruido material y estoy casi arruinado. Ahora  tendré que volver a mi antigua profesión de comerciante de telas.  Me iré con Marduck porque para ese oficio un perro de tu porte es muy  conveniente contra ladrones y celosos competidores; en cuanto a  ti, Baltasar, te tengo que dar en adopción hasta que pueda ahorrar  y volver al oficio zapateril</em>”. Y el nuevo comerciante de telas  dio en adopción Baltasar a una familia de panaderos no muy lejana de  su ya fenecida zapatería.</span></p>
<p align="justify"><span id="more-52"></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Y  así estuvo el antiguo zapatero un par de años, pero en una reyerta  con salteadores de caminos –que era casi una profesión en la periferia  de Babilonia-, quedó cojo y robado su querido Marduck. Y el viejo  zapatero  tuvo que volver con lo que le había quedado a su antiguo oficio, a  su antigua casa y sin sus queridos animalitos. Pasaron unos días y  pensó: “<em>me encuentro muy solo sin mis amigos. Iré  a los panaderos que adoptaron a Baltasar y les contaré  lo que ha pasado para ver si se apiadan de mi situación y me devuelven  a mi gata</em>”. Así hizo, pero la familia de panaderos, también  amantes de los animales, dijeron: “<em>Comprendemos tu pesar, pero  por encima de nuestras añoranzas está  el bien de Baltasar: que decida ella</em>”. La sorpresa para el zapatero  fue que la gata no quiso moverse de la casa pensando: “<em>no quiero  volver a las andadas, porque no estoy segura que no vuelva el maldito  chucho, que además ahora será aún más grande y con mayor genio,  que hasta los perros pierden la ingenuidad con la edad</em>”. Pasó  el tiempo y un día apareció en la zapatería un perro andrajoso, en  los huesos y llenos de heridas, que nadie quería que se le acercara.  El bueno del zapatero le recogió, le lavó, le curó, le dio de comer  y, cuando hizo todo esto, comprobó que era Marduck, su querido perro.  Y no pasaron muchos días hasta que Baltasar, que hacía sus salidas  por la noche como buen felino, se dio cuenta que estaba Marduck de nuevo   con su antiguo amo y se dijo: “<em>pensándolo bien, estaba mejor con  mi antiguo amo. Aquí me dan de comer, sí, pero siempre estoy sólo  en casa porque mis nuevos amos siempre están en la panadería. Ya no  tengo familia que alimentar, pero si quiero formar de nuevo una debo  volver donde solía y comprobar que puedo alimentarla robando y  escondiéndola  como antes</em>”. Y eso hizo, pero cuando Marduck vio venir a Baltasar  a instalarse de nuevo al lado del nuevo fuego y que de nuevo que le  robaba la comida se dijo: “<em>no importa, no quiero nuevas trifulcas  que puedan perjudicarme: me dejaré robar, seguiré al minino, descubriré  donde esconde la comida, me la comeré y el creerá que se la ha comido  sus parientes gatunos</em>”. Baltasar comprobó que la comida enterrada  en el día desaparecía en el mismo día o al día siguiente y se dijo:  “<em>no importa, servirá para alguien necesitado y en el futuro, cuando  tenga familia, la cambiaré de lugar para no ser un ladrón robado</em>”.  Y eso hizo y vivieron los tres en armonía: el zapatero sorprendido  de la paz que habían firmado sus animalitos, el gato creyendo que se  había salido con la suya y el perro demostrando que la astucia vale  más que la fuerza.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Y  quiso el destino en su capricho que murieran los 3 en la misma semana.  La leyenda dice que enterraron al zapatero, al perro y al gato en la  misma tumba, y que un día apareció en ella el siguiente epitafio,  sin que nadie supiera quién lo había escrito:</span></p>
<p align="center"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>frente a la bondad,  bondad</em></span></p>
<p align="center"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>frente a la astucia,  astucia</em></span></p>
<p align="center"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>pero  siempre sin mezclar</em></span></p>
<p><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Recuerdo  que mi abuelo en sus últimos días me dijo: “Si piensas en esta leyenda  en tu obrar cotidiano apenas cometerás errores y no conocerás el  arrepentimiento,  que es un insufrible padecer para los que ya están embarcados en el  último viaje”. Al día siguiente de su muerte vi que un libro de <em> Bertrand Russell</em> de su biblioteca sobresalía del resto, lo tomé  para colocarlo, miré su solapa, su contraportada -como hacía siempre-  y me encontré este aforismo de puño y letra de mi abuelo: “L<em>a  generosidad sin presunción es la última frontera de la libertad</em>”.  Él sabía que lo encontraría. Ahora figura como epitafio en su tumba.</span></p>
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		<title>Las brujas de Macbeth</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Jun 2010 17:08:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[General]]></category>

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		<description><![CDATA[A medida que mi abuelo se hacía mayor, muy mayor, fui cambiando de táctica para entablar conversación con él. No era fácil, porque él no hablaba de lo trivial, de lo trillado aunque no fuera trivial, de lo establecido, de lo tópico, de lo ortodoxo, de lo consabido, de lo manido, de lo difundido. Yo, [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">A  medida que mi abuelo se hacía mayor, muy mayor, fui cambiando de táctica   para entablar conversación con él. No era fácil, porque él no hablaba  de lo trivial, de lo trillado aunque no fuera trivial, de lo  establecido,  de lo tópico, de lo ortodoxo, de lo consabido, de lo manido, de lo  difundido. Yo, claro está, estaba muy lejos de tener una preparación  en algún tema que me permitiera, no opinar sobre el mismo, sino tan  siquiera de ser capaz de hacer las preguntas pertinentes que despertaran   su curiosidad y su ánimo para la respuesta. Tenía siempre la sensación  de que nunca podría tener como el decía <em>“el cincel con el cual  interrogar la piedra de lo ignoto escrutable”</em>. Cosas de sabios.  Entonces, decía, cambié de táctica, y en lugar de ir a la biblioteca  donde su presencia era sempiterna e interrogarle sobre cosas como  aquello  de <em>“¿qué hay más allá de la muerte?”,  “¿cuántas novias había tenido en el pasado?” o  “¿qué es eso que llama la gente la felicidad?”</em>, fui tomando  el hábito de sentarme en el sofá que dejaba libre, coger un libro  y comenzar a leerlo. Yo intuía que mi abuelo –que en el fondo no  había dejado de ser un niño- tarde o temprano se fijaría en el título  y me preguntaría sobre él. El autor no lo he mencionado porque mi  abuelo sabía los títulos y sus autores, además de sus prólogos y  ediciones de los 12.000 libros de que se componía su biblioteca. Había  tomado pues el libro de Macbeth, “del divino William”, que así  llamaba mi abuelo a su autor. Y en efecto, la cosa funcionó porque  al poco me hizo la retórica pregunta de <em>“¿qué  leía?”</em> a la vez que miraba su título pon encima de las gafillas  de hipermétrope. Sí, mi abuelo ya usaba gafas porque la edad puede  con todo aunque nos neguemos a reconocerlo. Entonces, aproveché la  ruptura del silencio que él había provocado para sacar conversación  de lo que mi curiosidad me picaba como un sarpullido. Todo ello era  un inocente juego que me recordaba al director de orquesta que coge  con dos o tres dedos esa “varita mágica” y da la entradilla a los  músicos. Esta fue su respuesta: </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>-Querido  nieto, el bardo inglés es uno de los grandes. Junto con Calderón,  el más grande en el terreno de la farándula, en el arte de Talía.  El libro que tienes entre manos es  la obra de la traición, la venganza y el destino. No es sin embargo  perfecto por la artificiosa teatralidad de los golpes finales: la del  caminante bosque de Birnam y la de la  “impunidad” del protagonista ante cualquier mortal nacido de mujer.  Como tragedia es profunda, rítmica, majestuosa; literariamente tiene  momentos inolvidables; teatralmente es algo artificiosa. Yo mismo he  investigado en el mundo gaélico de  la Escocia del Medioevo, he reconstruido su leyenda y la he convertido  en materia literaria. No tiene valor histórico ni filológico, porque  a mí eso no me importa. Me importa sólo que el lector levante la cabeza  cuando el libro pierde sus palabras, su verbo y la  última hoja deviene en blanco; que  el lector inspire con satisfacción,  eche su cuerpo hacia atrás, levante la cabeza y cierre los ojos  como para que no le moleste la visión trivial, cotidiana y esperada  de las cosas de todos los días, y luego reflexione. Ese momento es  mágico porque has alimentado tu cerebro con sueños,  disparado la fantasía y el sosiego  ha invadido tus vísceras. En ese momento has sido otro; que te dure  mucho más es cuestión de perseverar.  Así comienza la leyenda. Cuenta…</em></span></p>
<p><span id="more-49"></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"> …  la leyenda que en Escocia, en el siglo XIV, en tierras gélidas, donde  la bruma oculta el mar, tres brujas -las Hermanas Fatales-, hechiceras  respetadas por lugareños y foráneos, danzan sin parar en torno a un  caldero y cantan, cantan mientras una batalla entre escoceses no muy  lejos tiene lugar:</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Pérfida: <em>Sapo  y lagartija,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>ambos  en salmuera,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>echa  en el puchero</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Todo  lo que puedas.</em> </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Maligna: <em>Babas  y esputos</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>son  esparcidos</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>en  manos y pies</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>del  recién nacido</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Horrenda: <em>Escupe,   víbora,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>siempre  maldita;</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>y  acaba el hechizo</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>hasta  la próxima cita</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Al  finalizar la batalla en la que han vencido los partidarios del rey  Duncam,  sus generales Macbeth y Banquo han visto a las Hermanas Fatales y se  acercan a ellas. Macbeth las interpela: </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">-<em>Hermanas,  si sois capaces de profetizar el futuro decidnos cuál es el nuestro  tras esta sangrienta batalla que pasado el tiempo nadie recordará</em>. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Las  brujas, las Hermanas Fatales, no les ven o hacen que no les ven porque,  en cualquier caso, ellas viven en su mundo, mundo que está hecho de  las sombras y deseos de los mortales. Ahora cantan de nuevo:</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Todas:   <em>Discordia, discordia,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>mentira,  mentira,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>sembremos,  sembremos,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>hagamos  una pira.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Sólo  la venganza</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>alimenta  la ira.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Discordia,  discordia,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Mentira,  mentira.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Macbeth,   Banquo,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>ambos  ambicionan,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>pero  sólo uno</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Llevará  la  corona.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Discordia,  discordia,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>mentira,  mentira.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Mueren  reyes,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>clavan  puñales;</em></span></p>
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<li>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>traidores,   traidores</em></span></p>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>sus  generales.</em></span></p>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Discordia,   discordia.</em></span></p>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Mentira,   mentira-</em></span></p>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>El  hijo que nace</em></span></p>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>al  trono aspira;</em></span></p>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>quien  sea Rey</em></span></p>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>sólo  se queda,</em></span></p>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>el  hijo que vive</em></span></p>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>la  Corona hereda.</em></span></p>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Discordia,   discordia,</em></span></p>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>mentira,   mentira</em></span></p>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">-<em>Brujas  malditas, qué barato resulta hacer pronósticos como si los deseos  tuvieran el mismo sempiterno recorrido  que el de los astros en sus círculos.  Duncam es el Rey que ni excede en avaricia ni es parco en generosidad.  La Corona tiene una buena cabeza y la cabeza está  en un rey que manda sin exigir, decide sin imponer y recauda sin  ajusticiar.  Ninguno de nosotros lo haría mejor, ni con más arte, ni con tan comedido   esfuerzo. ¿No es así, general Banquo</em>? </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Estas  eran las palabras de Macbeth a las que daba réplica Banquo: </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">-<em>Yo  diría más: es un rey que ayuda sin recabar agradecimiento, que hasta  el pecado de la soberbia lo esconde  con la virtud de la dádiva hasta que la ocasión lo delata.  Tenéis razón, cabeza y corona se amoldan como el guante a la mano;  vive, pelea, come y duerme con ella. Dicen las malignas lenguas,  pérfidas  y horrendas como las brujas, que ya no le crece el pelo  en los surcos que ha ocupado el precioso metal de que está  hecha la corona: sería crueldad por este motivo  arrancársela</em>. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">-<em>Lo  mejor será esperar a su muerte, es más cristiano</em> -decía Macbeth. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Y  las brujas, que habían desaparecido, vuelven otra vez, y lo hacen  danzando  y cantando:</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Brujas: <em>Espera,   espera</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>y  no desesperes,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>que  la muerte acecha</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>qunque  no la quieres.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Danza,  danza,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>bebe,  bebe,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>que  en plena testa</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>clavada  la tiene.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Clava,  clava,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>muere,  muere.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Hablan  lenguas:</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>mienten,  mienten.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Nadie  lo desea:</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>todos  la quieren.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Danza,  danza,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Bebe,  bebe</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Y  las brujas desaparecieron como habían venido, con su fantasmal presencia   y su hirviente caldero. Ahora ya sabemos que la brujería la convirtieron   en herejía los Papas por conveniencia y que ese herético giro tuvo  lugar en 1486 por medio de la <em>Malleus Maleficarum</em> por encargo  del Papa Inocencio VIII- ¿Inocencio?-. Pero sigamos con nuestro relato  porque tiempo habrá para esto. A poca distancia presenciaba el rey  Duncam la batalla y estos eran sus pensamientos: “<em>Sí, la batalla  es nuestra, pero este hedor me repugna.  ¡Qué matadero tan estéril! Que la corona se sustente en una ciénaga  de cadáveres escoceses no me satisface. Todo esto ha de acabarse y  en ello empeño mi corona. Además nada puede asegurarse que quienes  hoy son aliados y amigos mañana caigan en el pozo del deseo y la  ambición:  la ambición no conoce bandos y el poder es un pastel con  demasiados comensales. Aquí vienen mis generales, henchidos como pavos  en la victoria</em>”. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Y  de de nuevo el rey Duncam se sumergía en pensamientos que no venían  a cuento: <em>“¡Qué difícil es ser justo sin daño, buscar la paz  desoyendo el lenguaje de las armas, gobernar sin escuchar al  privilegiado,  dormir sin que la conciencia te lleve a la vigilia con preguntas que  no eres capaz de responder! Sólo fui feliz en los días de la infancia:  ¡mi corona por uno sólo de esos días! Pero todo esto ya es historia  y ahora soy rey y he de cumplir con mi papel</em>”.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Sigamos,  porque la leyenda continúa y dice que Macbeth, cuando el Rey dormía  en sus aposentos como invitado, expresaba así sus deseos: </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">-<em>La  tentación viene sembrando sueños irrealizables, pero la cosecha ya  fue recogida. ¡Si pudiera gritar: conciencia, vuela, esfúmate!, y  ser como el halcón al que se le tapa la cabeza antes de la caza.  Me nacieron desequilibrado porque mis deseos son muchos pero mi  determinación  es parca en acciones. Las Hermanas han hablado:  ¿sueños?, ¿mentiras?, ¿premoniciones? El rey duerme y  están dados la ocasión, el arma y el fin, y sin embargo algo me retiene  cuando miro mis manos y no las reconozco y siento golpear mi sangre.  A pesar de todo, lo que ha de ocurrir ocurrirá</em>. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">A  su lado estaba Lady Macbeth y ambos en su castillo, donde tenían al  rey Duncam como huésped, durmiendo por lo entrado de la noche y la  fatiga del viaje. Lady Macbeth hablaba aparentemente dirigiéndose a  su marido: </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">-<em>Sería  faltar a la lógica que lo que ha de hacerse se dejara en barbecho.  No importe que dudéis si esa duda es hija de la reflexión; importa  si su madrastra es la cobardía, querido Macbeth. Un hombre irreflexivo  que ha nacido para el poder es un suicida; en cambio, el cobarde que  a él accede es más peligroso porque su estupidez le convierte en un  arbitrario asesino. Tenéis razón: están dados la ocasión, el instrumento   y el fin; desaprovecharlos sería traicionaros a vos, al destino y a  nuestro… amor. Nada ha de quedar pendiente para la próxima aurora.  Id y cumplid como lo que sois: un hombre que merece ser rey</em>. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Y  en el patio del castillo hay dos brujas danzando y cantando:</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Brujas: <em>Duerme</em>,  <em> sueña,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>sueña,  duerme,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>que  la mano no sepa</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>lo  que el corazón  teme.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Hermanas,  esa es la tecla:</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>clavar,  clavar</em></span></p>
<ul>
<li>
<ul>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>lo  que está inerte.</em></span></p>
</ul>
</li>
</ul>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Sueña,  sueña,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>duerme,  duerme</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">La  tercera bruja bajaba por la barandilla de la escalera al patio a  reunirse  con sus otras dos hermanas fatales y esto es lo que les decía mientras  ríe: </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">-<em>Hermanas,  he dibujado en el aire una daga, invoqué  a Eolo y la daga guió a Macbeth hasta las reales estancias.  ¡Qué imbécil! ¡Cómo discurseaba sobre el destino y qué metáforas!:  que si el camino, que si el instrumento, que si Hécate, que si Tarquino,   y cuando llega el momento fatal tiene que ser una  Fatal la que culmine. ¡Sí, vuestra Maligna hermana ha matado al Rey  mientras Macbeth hurgaba en su conciencia como quien se hurga en su  nariz, conciencia cobarde, corazón de niño!</em>”.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Pérfida: “<em>Yo he  imitado al búho y al grillo</em>”.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Horrenda: “<em>Yo he  dormido a los guardianes y la Señora Macbeth ha hecho el resto. Cantemos</em>”:</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Todas cantan: <em>Sueña,  sueña,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em> duerme, duerme.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>El  aprendiz de criminal</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>el  examen suspende</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>y  será una  Fatal</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>quien  lo enderece. </em></span></p>
<ul>
<li>
<ul>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Duerme,  sueña,</em></span></p>
</ul>
</li>
</ul>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Sueña,  duerme</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Y  tanto Macbeth como Lady Macbeth creen que el Rey ha muerto a manos del  mismo Macbeth porque las brujas son invisibles a sus ojos. Lady Macbeth  medita mientras Macbeth baja las escaleras: “<em>Debería pediros perdón  por haber dudado, futuro rey. No basta la ambición para cumplir lo  predestinado. ¡Miles de puñales no son  suficientes para matar a un hombre si el que lo empuña no le es!  La duda no os ha atenazado. La duda es el reflejo de la ambición cuando  equivocamos la meta. Sólo tenéis una y si los  prejuicios os infestan como herida abierta yo os curaré.  No debéis dudar porque si ambos os  despojáis de títulos sólo sois dos hombres, y uno de ellos ha matado  al otro</em>”. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Pero  Macbeth, que lleva el puñal en la mano aunque no lo ha utilizado, no  escucha a su mujer y ve con sorpresa que el Rey está muerto: <em>“¿Duncam,   qué prisa teníais en llegar a vuestro funeral cuando apenas esa daga  que señalaba el camino había llegado a su destino? Si es así  me sentiré menos culpable por haberos liberado de ese cuerpo ajado  y cuarteado por el vino, el frío, la lluvia, los años. No recuerdo  haber tenido piedad, pero tampoco siento satisfacción en todo esto;  vuestro pecado es el del estorbo y de nada han servido todas vuestras  virtudes para cambiar lo que han predicho las Hermanas. Si sois creyente   sólo espero que hayáis muerto en el arrepentimiento porque  nada mal deseo a vuestra alma</em>”.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Sin  embargo ha habido al menos un testigo de todo ello sin que Macbeth y  Lady Macbeth se hayan percatado: es Banquo, que cree que Macbeth ha  matado al Rey y, como quiera que ve a las brujas en el patio del  castillo,  decide hacer chantaje a Macbeth: el trono por el silencio. Ahora se  dirige a éllas en estos términos:   -<em>Proféticas hechiceras, tengo  una embajada digna de vuestra maldad, pero  espero que sea provechosa para ambas partes. Decid al  Duque de Glamis, el general Macbeth, que hay un testigo de su crimen  que puede hacer saber su obra hasta la  última piedra de Escocia; hacedle saber que puedo unir mis fuerzas  con las del Rey de Inglaterra y aplastarlo como la vaca aplasta al  despistado  polluelo. No ha de tener prisa en ceñir corona</em>. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Las  brujas no contestan, pero cantan en torno al caldero:</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Todas:   <em>Mochuelo, mochuelo.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Que  nada se pierde</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>con  agitar el caldero.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Danos  lechones,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>danos  corderos,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>que  todo vale</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>para  este puchero.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Lechones,  lechones,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>corderos,  corderos.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Sólo  así  ganamos</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>con  estos acuerdos.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Que  tampoco sabe</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>que  su hijo ha muerto.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Ganamos  si ganamos,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Perdemos  si perdemos.</em></span></p>
<ul>
<li>
<ul>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Corderos,   lechones,</em></span></p>
</ul>
</li>
</ul>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>lechones,  corderos.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Pero  aquí no acaban los testigos, porque Malcom, uno de los hijos del  Rey ha observado todo: la muerte de su padre, a Macbeth intentando ser  su asesino, a las brujas girando en torno al caldero y a Banquo  negociando  con ellas. Malcom toma su caballo y mientras se dirige a Inglaterra  piensa sin mirar atrás, no vaya ser que los pensamientos cabalguen  hacia el castillo de Macbeth: “<em>Mi padre muerto. Aquí  la traición huele y pesa y las razones son hueca palabrería que llenan  los huecos que deja la mentira. Soy el futuro Rey y sólo pienso en  la venganza: ¡mal empiece para ganarme la Corona!</em>”.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Como  puede observar el lector, la leyenda de Macbeth difiere cada vez más  de la obra del divino William porque el dramaturgo busca el aplauso,  juega con los sentimientos del espectador, reclama su atención a veces,  otras busca su silencio. En el drama sólo importan las pasiones y las  sensaciones. Ahí la lógica hace aguas y el dramaturgo busca la emoción  como el líquido elemento el curso del menor esfuerzo. Pero vayamos  a la leyenda, porque no hemos hecho más que empezar. Macbeth no ha  olvidado las palabras de las Hermanas y por eso sabe que aún queda  un problema que se le hace irresoluble y le dice a Lady Macbeth: </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">-<em>Querida  esposa, ahora no me será difícil conseguir el apoyo de los nobles  de Escocia para ser Rey. Era el general  favorito de Duncam y los nobles de esta tierra no desean  a su heredero natural, su hijo Malcom, porque es partidario de  establecer  alianzas con el Rey de Inglaterra. Pero yo no he hecho lo que hecho  sólo para llegar al trono, sino para asegurar que nuestros hijos  lo alcancen también como corresponde a la tradición de los reyes de  Escocia. Y aquí es donde una sombra oscurece mi sonrisa y  fatiga mis párpados. Has de saber que las brujas de Escocia, las  Hermanas  Fatales, han pronosticado que nuestros descendientes no serán ninguno  reyes de Escocia y, menos aún, padres de hijos de reyes de Escocia;  de Escocia, este país por el que regaríamos sus surcos con nuestra  sangre si ello asegurara su libertad e  independencia de la pérfida Inglaterra, foco de maldad y tiranía.  Si esto es así,</em> <em>prefiero renunciar a la Corona a que se cumplan  los vaticinios de las Hermanas</em>. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Lady  Macbeth, asombrada, contestaba a su esposo de esta manera: </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">-<em>No  os reconozco. ¿Cómo sois capaces de hacer lo que habéis hecho y sin  embargo tembláis por las palabras de unas hechiceras que sólo ven  quienes les faltan determinación para convertir sus temores en acción?  Tranquilizaos, porque las dudas que ahora tenéis no menguan vuestro  valor por lo hecho. Algo de femenino hay en vos, querido esposo,  que os impide culminar los propósitos hasta darlos fin. Yo  acabaré lo que vos no podéis acabar y el hijo de Banquo, el joven  Fleance, tendrá el mismo final que los que velaban  por el sueño del Rey. Somos complementarios, querido Macbeth, y yo  pondré la hombría que os falta para que cuando seáis rey se pueda  decir: si soy rey, y si antes he sido un guerrero es porque  aún antes fui un hombre. Dejad a las brujas en su mundo que en pocos  días tendréis otro que gobernar</em>.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"> </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Ya  lejos del castillo, al pie de los acantilados desde donde se adivinan  las costas de Noruega, las Hermanas hablan al unísono: “<em>Todo está  sembrado: tenemos un rey muerto por nuestras manos; a un futuro  rey que ha creído haber matado a su predecesor o que engaña con ello,  que para el caso es lo mismo; tenemos a su esposa que ha manchado sus  manos con sangre de los veladores del sueño del viejo rey; tenemos  a Banquo disputando la corona a Macbeth;  a su hijo con todo a  su favor para dejar este mundo; y al hijo de Duncam, Malcom, buscando  venganza y la corona de su padre. Y todo ha sido por nuestro arte.  Ahora creen en nuestros vaticinios y no podemos defraudar: lo vaticinado   será cumplido o nadie creerá en nosotras.  Bailemos, cantemos</em>”. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Las  brujas bailan y cantan:</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Brujas: <em>Cumplamos,   cumplamos;</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>pasó  el tiempo de los vaticinios.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Bebamos,  comamos;</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>ahora  toca cumplir los designios.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Nuestras  obras dedicamos</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>a  nuestro esposo el Maligno.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Velamos,  decimos,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>vayamos,  cumplimos,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>que  en juego se hayan</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>los  nuestros designios.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Banquo  está camino de Inglaterra y antes de llegar a la corte inglesa  se encuentra con las brujas, porque en el mundo de la hechicería, el  tiempo y el espacio tienen incontables direcciones, muestran  insospechados  encuentros, hayan espacios en los espejos, hogares en las grutas y  descanso  en los aires. Las brujas hablan con Banquo –o al menos eso cree él-  y este medita en su montura de esta forma: “<em>Dicen las brujas que  Malcom está preparando un ejército para acabar con Macbeth y es aquí  donde el corazón se muestra encontrado entre afectos y razones, lógica  y deseos. ¿Qué es menos deseable, que mantenga la corona un traidor  asesino o que los odiados ingleses hollen suelo  escocés aunque sea por una buena causa?  De otro lado no se que deseo menos, que mantenga  la corona Macbeth mientras pueda mantener la cabeza que la sostiene  o que la alcance Malcom como legitimo heredero y que tenga que decir:  Adiós Banquo, tu ambición se perdió  en las brumas de unos acantilados donde unas  brujas jugaron contigo al gato y al ratón. Ahora me veo en el espejo  y veo otro Macbeth que mata a otro Duncam.  ¡Macbeth mata a otro Macbeth!</em>”. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Pero  Banquo, mientras cogía su cabalgadura para ir en dirección de Malcom  y unirse a su ejército, oye de nuevo cantar a las brujas y su canto  le horroriza:</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Brujas: <em>Corre  y corre,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>muchacho  tierno,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>que  alguien quiere</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>mandarte  al Averno.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Huyamos,  corramos,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>persiguen  puñales,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>huyen  caballos,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>testigos  son tales,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>que  cortan los tallos</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>de  enemigos reales.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Corramos,  huyamos;</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>adiós  al infante.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Banquo  será  rey,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>pero  ya no es padre.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Huyamos,  corramos,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>testigos  son tales.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">“<em>Estas  no son profecías, sino hechos: &lt;pero ya no es padre&gt;.  ¡Adiós a la reflexión, adiós a mitigar el odio,  adiós a refrenar la venganza para que tenga la apariencia de la  justicia!  ¡Hécate furiosa mata a Tamis y tráeme su venda! Mi alma se ha fundido  y es sólo una roca vomitada por un volcán. No es bastante tu muerte,  Macbeth: quiero tu sufrimiento; romperé  todos tus huesos y seguirás vivo, y no tendrás ocasión para el  arrepentimiento,  para que tu alma sea una tea ardiendo en casa del Maligno. Y ahora  quiero  la locura para que la conciencia no me acobarde.  ¡Fleance, hijo mío, no me esperes, que mi destino es el mismo que  el de Macbeth!”.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Pero  Fleance no ha muerto porque ha logrado huir de los esbirros de Lady  Macbeth, aunque su esposo cree lo contrario y esto es lo que piensa  Macbeth: “<em>No me alegro del final del lechón; no fue ese mi deseo,  ni esas fueron mis órdenes, pero lo hecho, hecho está.  Ahora sólo quedan Banquo y Malcom. A Malcom le diré  que yo no maté a su padre, que fueron sus guardianes y que matándolos  se hizo justicia. ¡Bien saben los seres que habitan en los círculos  celestiales que yo no deseaba su muerte y que mi ambición no traspasaba  esos límites! Le cederé la corona aunque ello signifique el fin de  mi esposa. En cuanto a Banquo, que le conozco como a un hermano, me  temo que seremos el uno para el otro el Caín y el Abel. He de hablar  con mi esposa</em>”. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Macbeth  llama a un guardián para que la localice y este señala en lo  alto de una almena a Lady Macbeth que canta con voz infantil:</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Vuela  paloma</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>desde  la almena;</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>acecha  el halcón;</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>¡qué  pena, qué  pena!</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Para  la dulce viuda</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>el  amor ha pasado,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>dicen  que dice</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>que  ha dicho el hado;</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>que  el amor que pasa,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>pasa  a deshora</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>y a  veces anida</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>hora  tras hora.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>“¡Que  acabe el día, que se oculte el Sol para que no vean mis manos que emanan   sangre y no encuentran la herida! ¡Un médico para este prodigio! El  aire pesa y mancha la ropa; los espejos reflejan extraños seres  deformes.  ¡Quiero un peine, traedme un peine, damas mías!  Un escalón, sólo hay un escalón entre la cumbre y la gruta de donde  salimos todos. ¡Oh, aquí hay palomas que aletean atravesadas por dardos!   Volad, no muráis en tierra, que vuestro hogar es el aire: yo os  acompañaré,  aunque corto sea el vuelo</em>”. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Y  Lady Macbeth desapareció de la almena a la vista de su esposo.  Este sólo dijo: “<em>Fue y ya no es, eso es todo</em>”. Lejos de  allí, las brujas cantan y danzan con locura:</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Todas:   <em>El final se acerca</em></span></p>
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<li>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Y  todo está al final;</em></span></p>
</ul>
</li>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>no  importa el orden:</em></span></p>
</ul>
</li>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>al  final, matar, matar.</em></span></p>
</ul>
</li>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Sorpresas   aguardan:</em></span></p>
</ul>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>esperar,   esperar.</em></span></p>
</ul>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>El  aire se espesa;</em></span></p>
</ul>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>hermanas,   danzad.</em></span></p>
</ul>
</li>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>La  sangre ya brota:</em></span></p>
</ul>
</li>
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<li>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>sangrar,   sangrar</em></span></p>
</ul>
</li>
</ul>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Ahora  ya estamos en el campamento del ejército inglés al frente del cual  están los hijos del asesinado rey, Malcom y Donalbain, y el general  que los manda, Macduff. Es de noche y Malcom ha salido de la tienda  de campaña. Hace un frío espantoso y la bruma no ha hecho más que  comenzar. Malcom oye una canción a lo lejos del campamento y se acerca  al lugar de donde salen las voces:</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>¿Por  qué huyes?</em></span></p>
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<li>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>¿De  qué temes?</em></span></p>
</ul>
</li>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>De  mujer nacido</em></span></p>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>enemigo  no tienes.</em></span></p>
</ul>
</li>
</ul>
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<li>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>No  huyas, no corras;</em></span></p>
</ul>
</li>
</ul>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>¿dónde  vas?</em></span></p>
</ul>
</li>
</ul>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>¿Qué  debes?</em></span></p>
</ul>
</li>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Nada  has de temer</em></span></p>
</ul>
</li>
</ul>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>si  el bosque no viene.</em></span></p>
</ul>
</li>
</ul>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>No  huyas, no corras,</em></span></p>
</ul>
</li>
</ul>
<ul>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>enemigo  no tienes.</em></span></p>
</ul>
</li>
</ul>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Malcom,  a medida que se disipa la bruma, ve un caldero que le es familiar porque   ya lo ha visto antes: corresponde al de las brujas, pero estas no  aparecen.  Malcom se acerca más y cuando prácticamente se asoma al contenido  del caldero, surge de repente y flotando en un mar de sangre la cabeza  de su padre, el rey asesinado Duncam; Malcom, horrorizado, sale  corriendo  al campamento sin que pueda evitar oír la canción acompañada ahora  de risas y tambores, a la vez que una voz que parecía provenir de todas  partes y que le recuerda a la de su padre, repite machaconamente:</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"> </span></p>
<p align="center"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">“<em>Deshecha la  apariencia  y busca de entre la bruma</em></span></p>
<p align="center"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Venganza, toda;  justicia,  ninguna</em>”.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Malcom  quedará anulado para la batalla que se avecina.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Las  tropas que han de asaltar el castillo están ya preparadas y ocultas  en el bosque de Birnam. Están mandadas por el mejor general inglés,  Macduff, y por el hijo menor del asesinado rey, Donalbain. Macbeth  espera  en su castillo escocés a pie de la muralla en la torre del homenaje,  con la mitad de su ejército, puesto que la otra mitad ha desertado  al saber que los ingleses están acampados a menos de una milla. Y sin  embargo no saben el efectivo inglés puesto que está oculto en el bosque.   Macbeth habla para sus adentros: “<em>Soy un guerrero y no  rehúyo el combate, pero esta guerra es un absurdo: la patria dividida,  mancillada la tierra por un ejército inglés al servicio de hermanos  escoceses que me han declarado enemigo por causas que no me son  imputables,  aunque no reniego de sus consecuencias. De nada han servido que mis  emisarios tuvieran instrucciones de negociar todo esto, incluso el  depositario  de la Corona. ¡Una guerra por un equívoco,  por una mentira! Quizá no sea inocente por mi ambición, pero tampoco  soy culpable por mis acciones: a nadie he matado, nada he prometido  que no cumpliera; tuve una terrible tentación, pero la guardé  en el zurrón y ahí quedó. Soy culpable de aprovechar la ocasión  como la urraca hace en sus visitas, pero si  deseáis la guerra aquí está: nadie como yo disfruta  con ella, ninguno mejor guerrero en el combate  cuerpo a cuerpo; tampoco estoy falto de estrategia.  La hora de las lenguas y sus parloteos han acabado: ahora las armas  son lenguas</em>”. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Nada  más acabar Macbeth, una sombra recorre la torre, el viento se levanta  y el frío visita los huesos y las piedras, y el espectro de Lady Macbeth   se pasea por la almena próxima a Macbeth y le habla de esta manera: </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">-<em>Mitigad  vuestro espanto al verme de esta manera.  Sí, soy vuestra esposa tras mi visita al Hades.  Hay más allá, pero para vos es aún pronto. La causa de vuestro temor  se debe a que nada os ha satisfecho en vida salvo lo que ahora se  avecina:  el combate. Sois un guerrero, pero sólo un guerrero, ninguna otra  virtud.  Os traigo templanza a vuestro espíritu  y sosiego a vuestra ambición, porque se que  de valentía andáis sobrado. Vuestro castillo y  vos mismo no correréis peligro alguno mientras el bosque de Birnam  no se mueva de donde está; además, nadie  de mujer nacido atentará contra vos. Sois libre; nada os apremia para  hacer lo que no deseáis, ni a renunciar a lo que es posible: la victoria   ha de ser vuestra. Yo he de volver con Hécate, que a su servidumbre  me ha destinado mis pecados. Recordad: nadie ofende impunemente</em>. </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Y  dice la leyenda que Macbeth se despedía de su esposa, de su espectro,  alargando la mano al aire y con estas palabras: </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">-<em>Magníficas  noticias me trae ese humor acuoso que se desvanece como la bruma: ahora  defenderé la Corona a sabiendas de  que sólo la vejez o la enfermedad  pueden derrotarme; ahora ni siquiera noto el peso de la armadura</em>. <em> Nada golpea mis sienes y me siento lo que sólo he sido toda mi vida:  un guerrero. Allá voy…</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">El  divino William cambió la leyenda desde el principio: hizo de Banquo  un angelical guerrero exento de ambición; de Macbeth un asesino  embargado  en las dudas; mató a Banquo y al hijo y a la esposa de Macduff, el  general al servicio de Donalbain; Malcom sobrevivió y a las brujas  las convirtió en andrajosas y enigmáticas pitonisas. Son prerrogativas  de todo poeta, que convierte todo material histórico, filosófico,  en instrumento literario para que el espectador –en el caso del teatro-  pestañee cuando el poeta lo decida. Pero la leyenda tiende a la  reflexión  y a la moraleja como el salmón busca desovar en el nacimiento del río  que le vio nacer. La parte débil de la obra del gran William es la  que le ha dado más fama: la del bosque de Birnam y el del imposible  nacimiento del que ha de acabar con él. El bardo inglés lo arregló  como todo el mundo sabe con las ramas que cortaban los soldados ingleses   para ocultar su cifra y avanzar sin ser vistos, y con el nacimiento  de Macduff, el general del ejército de Donalbain, nacido de una cesárea  con su madre ya moribunda: demasiado teatral. Eso no cuadra con ninguna  leyenda que pueda relatarse como tal. Pero sigamos con ella, querido  nieto, que yo he indagado en textos gaélicos de notable antigüedad.  El caso es que nos hemos dejado a las brujas hace ya tiempo, las  verdaderas  artífices de todo este desaguisado. Fueron ellas las que movieron el  bosque de Birnam con sus poderes para hacer cumplir sus propias  profecías  y uno de los generales del ejército inglés, por orden del aterrado  Malcom, mató a Banquo cuando este subía a la torre del homenaje y  así poder asegurarse la Corona: Malcom le libró del placer de una  venganza que era una mentira, porque nosotros sabemos que el hijo de  Malcom, Fleance, vive prisionero de las Hermanas Fatales. Al final  Donalbain,  el vivo sacado de la muerte, mató a Macbeth, aterrorizado al ver al  bosque de Birnam moverse y saber por boca del mismo Donalbain lo  singular  de su nacimiento. Y la leyenda continua, porque en muy poco tiempo  murieron  sucesivamente Malcom y Donalbain, los hijos del desgraciado Duncam.  Y cuenta que hubo una revuelta de nobles que eligieron Rey a Fleance,  el hijo de Banquo, asesinado por orden de Malcom como ya queda dicho.  Y de esta manera se cumplieron las profecías de las brujas. No se tiene  constancia escrita de leyenda alguna que atribuya a las Hermanas Fatales   los fallecimientos extraños y prematuros para la realeza de los hijos  de Duncam, pero el lector que ha seguido esta historia tiene motivos  para sospechar.</span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"> </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Cuentan  los lugareños que en tierras brumosas del norte de Escocia, en las  gélidas noches de invierno, aún se oye esta canción sin que nadie  sepa quien la canta: </span></p>
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<li>
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<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Discordia,   discordia;</em></span></p>
</ul>
</li>
</ul>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>mentira,  mentira;</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>sembremos,  sembremos,</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>hagamos  una pira.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Sólo  la venganza</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>alimenta  la ira.</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>Discordia,  discordia;</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small"><em>mentira,  mentira</em></span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Y  aquí acabó la narración de mi abuelo. Yo, entonces, mirando  el libro del gran William que tenía en mis manos le pregunté: </span></p>
<p align="justify"><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">-<em>Abuelo  Berto, me queda la duda de si en la leyenda o en la propia obra de  Shakespeare  indican algo de quiénes eran en realidad esas brujas, tan maltratadas  por los Papas, las religiones cristianas; de qué  estaban hechas: tienen sustancia, algo de realidad,  o son meros sueños y deseos; o sólo fueron desgraciadas mujeres  asesinadas  por el miedo, la envidia, la codicia y las… instituciones religiosas  y seculares</em>. </span></p>
<p><span style="font-family: Tahoma;font-size: small">Al  comprobar que no obtenía pronta respuesta levanté la cabeza y  encontré el porqué: mi abuelo se había quedado dormido. Sé  que la pregunta era trivial y retórica, pero no se me ocurrió otra  cosa. ¿Dónde y cuándo había aprendido mi abuelo gaélico? </span></p>
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