Edipo y la esfinge
Decía mi abuelo que todo lo significativo que le pasa a una persona podía ser contado en 3 o 4 centenares de palabras, y el resto es espuma y hojarasca. Y a continuación añadía: “…pero de esa espuma, fruto de la agitación de las almas, de esa hojarasca que deja al árbol desnudo, descarnado, están hechos los Hamlets, Antígonas, Segismundos, Electras, Faustos, Medeas, Quijotes, Semíramis, Prometeos, Celestinas, Climtenestras, y… Edipo”.
Esto lo vi anotado por mi abuelo en un libro de Robert Graves sobre la mitología. Todo ello viene a cuento porque tengo en mis manos un relato del que nunca me habló mi abuelo. El gustaba de leyendas incas, babilónicas, árabes, indias…, siempre alejadas de nuestro próximo pasado griego y romano. En todo caso, no le hacía ascos a las provenientes de nuestra llamada piel de toro, o como decía él que decía un filósofo alemán, de ese pueblo “que ha querido ser demasiado”.

Antonio Mora Plaza es licenciado en Ciencias Económicas por la U. Complutense. Tras 28 años trabajando en banca, actualmente se dedica a escribir artículos sobre economía y a la literatura. Recientemente ha publicado La biblioteca de mi abuelo Berto (Éride Ediciones).
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