La habitación 302
Ella estaba allí, su cuerpo menudo, todavía caliente, descansaba sobre la cama; su espíritu había comenzado un viaje sin retorno apenas unos minutos antes. Su cara había recuperado su gesto habitual, sereno, tranquilo…
Él no se separaba de la cabecera de su cama pero esa noche no pudo resistir el impulso de salir a respirar aire fresco porque se estaba ahogando. Ella se iba y no podía hacer nada para apaciguar su sufrimiento. Salió de la habitación huyendo de la impotencia que le provocaba su dolor. Mientras caminaba por el pasillo vio entrar a un hombre en la habitación 302, al llegar a su altura, sus miradas se cruzaron por un instante y el hombre le sonrió. El efecto de aquella sonrisa fue un bálsamo para su alma herida. El aire había vuelto a sus pulmones.
Regresó a la habitación. Ella había dejado de sufrir.
Días después volvió al hospital y preguntó por aquel paciente.
- Tiene que ser un error, en esta planta no hay ninguna habitación con esa numeración.
Entonces lo comprendió todo.
Regresó sobre sus pasos por el mismo pasillo de aquella noche. Escuchó unos gemidos, alguien luchaba por sobrevivir. Cerró los ojos unos segundos, cuando los abrió se dio cuenta de que los gemidos ya no se escuchaban. Un hombre salió de la habitación y le dijo:
- No era su momento.
De forma pausada continuó caminando y salió del hospital…
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Pilar Rego es gallega, diplomada en Educación Social, bloguera, cercana al agnosticismo, defensora de la igualdad en todos los ámbitos de la vida y por ello inevitablemente feminista.
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