Bajo el disfraz de la solidaridad

Es indignante que se haya utilizado el terremoto que asoló Haití y el “cariño” del embajador por la Cocina Económica de A Coruña para hacer ostentación pública de una caridad mal entendida e hipócrita.
En las fotos se le ve satisfecho, incluso orgulloso, del papel que representa pero ¿cómo se habrán sentido los trabajadores que se vieron obligados a portar antorchas disfrazados con trajes de época?
Un baile de carnaval convirtió al Palacio de España en el punto de encuentro de la “flor y nata” de la sociedad romana, una fiesta donde los invitados fueron recibidos por el anfitrión ataviado a la usanza de los príncipes renacentistas.
Quien tuvo la feliz ocurrencia de recuperar los oropeles perdidos en las estancias de la embajada española en la Santa Sede es un embajador que se define como “católico, socialista y republicano juancarlista pero sobre todo vazquista”
Paco Vázquez, al requerimiento de un alcalde neofascista, respondió con un alarde de pública y generosa “solidaridad” cediendo los salones de “su palacio” a la jet set romana para celebrar una esplendorosa fiesta de carnaval. Se le veía feliz bajo el disfraz de hombre del Renacimiento en una fiesta de carnaval en la que el boato acudió disfrazado de solidaridad.
Cuando fue nombrado embajador de España en El Vaticano la percepción general sobre su “exilio dorado” era que iba a ocupar un puesto confeccionado a la medida de sus profundas y firmes creencias católicas.
Actualmente está muy ocupado en desmentir el rumor que le sitúa como el próximo Defensor del Pueblo en sustitución de Enrique Múgica quizás porque, al igual que los príncipes renacentistas, quiere ocultar su estrategia aunque dicen las malas lenguas que va “dejando caer” a sus colaboradores su intención de volver a España.
Su vehemente rechazo a denominar matrimonio a las uniones entre personas del mismo sexo le llevó a ausentarse del Senado para no emitir un voto favorable a la ley de matrimonios homosexuales. Calificó de “ofensa gratuita al Vaticano” la aprobación de la ley.
En su trayectoria han tenido y tienen un gran peso sus convicciones religiosas, su visceral oposición al aborto le hace considerar necesario que la objeción de conciencia de los profesionales sanitarios sea extensiva a los hospitales ya que algunos están regidos por la iglesia y según cree el embajador hay que respetar esa realidad.
Le gusta presumir de no seguir las directrices de su partido y ni que decir tiene que no quiere ni oír habla de separación entre Iglesia y Estado:
“No estoy de acuerdo con una separación absoluta entre Iglesia y Estado. La Iglesia en España juega un papel cultural, histórico y de vertebración social que tenemos que reconocer y respetar”.
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Pilar Rego es gallega, diplomada en Educación Social, bloguera, cercana al agnosticismo, defensora de la igualdad en todos los ámbitos de la vida y por ello inevitablemente feminista.
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