¿A la última?
Dependiendo del tipo de sociedad y del tiempo histórico esta práctica simbolizaba la distinción social o transmitía supuestas propiedades curativas relacionadas con la mitología. En la actualidad los “valientes” que se atreven con ella probablemente se considerarán “a la última” pero… nada más lejos de la realidad…
Dicen los que entienden de ello que “en el lenguaje del arte paleolítico hay evidencias para considerar que el engalanamiento fálico a base de marcas, perforaciones y tatuajes fue una práctica posible y harto probable, desde hace más de 10.000 años”. Hablamos de una práctica ornamental que se remonta a 10.000 años atrás aunque hay vestigios que datan de mucho tiempo antes ya que se encontró una pieza con forma fálica decorada con marcas ornamentales que tiene entre 44.000 y 30.000 años.
Es de suponer que la publicación de esta noticia habrá supuesto una dolorosa desilusión para todos aquellos que se atrevieron a dar el paso de tatuar su pene y encontraron a un tatuador dispuesto “a la labor”, algo que según parece no resulta muy fácil porque escasean los profesionales dispuestos a manipular penes ajenos que, paradójicamente, tienen que permanecer erectos durante todo el doloroso proceso.

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Pilar Rego es gallega, diplomada en Educación Social, bloguera, cercana al agnosticismo, defensora de la igualdad en todos los ámbitos de la vida y por ello inevitablemente feminista.
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