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“Discúlpeme Esperanza…”

A Iñaki Gabilondo sus cuarenta años en la radio le otorgan las tablas suficientes para decir mucho en muy pocas palabras: “Discúlpeme Esperanza, este es un género muy viejo. Consiste en que yo pregunto lo que considero que interesa”

“Cariñoso y cercano”
Le “tocaba hablar” porque llevaba tacones pero hubiera preferido no tratar algunos temas que para ella carecen de “interés”. “Me declaré verso suelto en el congreso de Valencia pero ya no lo soy” sentenció enfundada en cuero negro. “No fui a ese congreso porque estaba en otro rollo”. Sabíamos que es una maleducada, ahora sabemos que también es “enrollada”.
Según Esperanza Aguirre la tan traída y llevada pugna Aguirre- Rajoy por el poder nunca existió. Su relación con el candidato popular es casi entrañable. Dijo la presidenta que en los actos en los que coincidió con Rajoy, éste se mostró “muy cariñoso y cercano” con ella. La batalla por el poder, en la versión de Aguirre, consistió únicamente en un lapsus semántico, un “no” al que le sucedió un “por ahora”, como respuesta a la pregunta de si tenía previsto presentarse como candidata a la presidencia de su partido. En lo referente a sus diferencias con Gallardón aseguró que no siente antipatía hacia el alcalde con él que incluso mantiene una relación que podría considerarse como familiar, “en algunos ocasiones me veo como su madre o como su hermana” dijo Aguirre.

El speech de Aguirre
Esperanza Aguirre está tan habituada a las preguntas amables de los periodistas de su cortijo televisivo, sobre él que planean de forma constante las acusaciones de manipulación informativa, que en las escasas ocasiones en las que se enfrenta a un periodista “no afín” no puede evitar realizar desesperados intentos por soltar su speech.

Según Aguirre los madrileños disfrutan de una ¿sanidad pública? “magnífica” porque ella “sólo privatiza la limpieza y algunas cosas más…”

“El que fue a Sevilla perdió su silla…”
Aclara que no quiere “descabalgar” al presidente del PP pero que “si hubiera una silla vacía en el partido, sería diferente”. No aclaró si la silla tendría que estar vacía de forma permanente o le valdría con una ausencia momentánea. Que tenga cuidado Mariano porque “a poco que se descuide” pierde la silla al igual que la perdió, apenas unos siglos atrás, don Alonso de Fonseca, quien en un tiempo en que las revueltas convulsionaban Galicia viajó desde Sevilla a Compostela para “allanarle el camino” a su sobrino cuando fue nombrado arzobispo en la ciudad del apóstol. Cuando don Alonso regresó a la ciudad andaluza se encontró con la desagradable sorpresa de que su sobrino no estaba dispuesto a renunciar a los “negocios” que regentaba desde su marcha. En la disputa tuvieron que intervenir el Papa y el Rey.


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