Los “valores” de los monseñores de la doble moral
Los monseñores de la doble moral se cansaron pronto de estar en la retaguardia y ya podemos verles de nuevo asomando sus cabezas, coronadas de mitras, sobre las trincheras. Están sus eminencias muy preocupados por la retirada de los crucifijos en las escuelas. Aseguran, por boca de Martínez Camino, que los crucifijos son un símbolo de la tradición cultural y que por ello no deben ser retirados de las aulas porque en caso contrario no se podría garantizar la transmisión de “valores”.
Se atreven a hablar de valores quienes “acogieron en su seno” a varias hornadas de curas pederastas, quienes no respetan a las mujeres que abortan, ni a las que toman la píldora postcoital, ni a los homosexuales, quienes sólo admiten un único modelo de familia excluyendo a todos los demás…
Porque estos monseñores son los mismos que equiparan derechos como el aborto y la ayuda a morir dignamente con el asesinato; que condenan al fuego eterno a las mujeres que abortan; que protegen a los curas pederastas; que no quieren inmigrantes en sus templos; que apelaron a la desobediencia civil y a la objeción de conciencia en su lucha contra la EPC; que demonizan el uso del preservativo; que aseguran que los condones propagan el sida; que afirman que los abortos provocan suicidios; que difunden con total impunidad que el uso de los preservativos no ha detenido los contagios del virus del sida en África sino que lo ha propagado; que maldicen a los homosexuales…
Con este historial a cuestas es inevitable que no veamos con claridad cuáles son los valores de los que hablan los monseñores.
No sabemos si se refieren a los que tanto les molestaban cuando equipararon la educación en valores con el empleo de la metadona para superar la adición a la cocaína o si se refieren, acaso, a los que defendieron fervientemente durante la dictadura. Ante esta duda es ineludible recordar aquel tiempo, no tan lejano como puede parecernos, en que desde los púlpitos se ensalzaban los valores del régimen. No olvidemos que la Iglesia Católica tenía su propio espacio en las Cortes Franquistas y que Franco, que entraba bajo palio en las iglesias, daba su plácet a obispos y cardenales. Como dije en alguna otra ocasión era aquel un tiempo en que el incienso y las sotanas marcaban, al son de sus tambores procesionales, el ritmo de la vida cotidiana, un tiempo que sus eminencias parecen añorar con fuerza.
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Pilar Rego es gallega, diplomada en Educación Social, bloguera, cercana al agnosticismo, defensora de la igualdad en todos los ámbitos de la vida y por ello inevitablemente feminista.
Bien, muy bien. Sin olvidar el calendario; el calendario eclesiástico era el calendario oficial y laboral que regía (y en cierta medida aún rige) la vida del país.