Mentiras y gestos

Hay mentiras que se perpetúan en la memoria colectiva gracias a las versiones mitificadas y falseadas de la realidad. La manipulación de la información es una estrategia política que tiene como objetivo la rentabilización de intereses partidistas a la que nuestros políticos no son ajenos. La mentira y los mentirosos emiten sus propias señales: tapar la boca con la mano, tocarse la nariz, frotarse los ojos, rascarse el cuello, colocarse el cuello de la camisa ¿a cuántos de ellos hemos visto repetidamente hacer esos gestos?
Si dedicásemos un corto espacio de tiempo a observar la forma en la que nos comunicamos nos sorprenderían lo resultados. Continuamente emitimos mensajes no verbales a los demás; lo hacemos de forma consciente y no consciente. Los datos que nos pueden aportar gestos tan habituales como el movimiento de las manos, la forma y el número de veces que sonreímos, la postura corporal, la intensidad de la mirada, son factores claves para interpretar los mensajes que transmitimos. Movemos la cabeza para asentir o negar, cuando no entendemos algo encogemos los hombros, fruncimos el ceño si nos enfadamos, representamos el signo de la letra V como signo de la victoria; si miramos a los ojos inspiramos confianza…
Cuando alguien mantiene, durante una conversación, su manos cerradas con el dedo índice extendido es un claro reflejo de que pretende imponer sus argumentos.

Mirada hacia la derecha, mano cerrada con el índice extendido…
Si continuamente se inclina hacia la derecha se puede apreciar el autoritarismo que transmite; si por el contrario refuerza sus palabras moviendo las manos con las palmas abiertas hacia abajo es un claro reflejo de búsqueda de conciliación, de un intento de evitar la tensión; frotarse las manos indica buenas expectativas, juntar las yemas de los dedos de ambos manos indica confianza en uno mismo y seguridad, si cruzamos y agarramos las manos por detrás de la espalda reflejamos una actitud dominante.
Los pulgares tienen su propio código: cuando queremos demostrar poderío metemos las manos en los bolsillos y dejamos los pulgares fuera, lo mismo que si cruzamos los brazos con los pulgares a la vista. La mano apoyada en la barbilla es un signo de aburrimiento; él inseguro chasquea los dedos o repica sobre la mesa. Si cruzamos los brazos, nos estamos defendiendo, lo mismo que si apoyamos algún objeto sobre el pecho.
A pesar de todo lo expuesto anteriormente yo no me dejaría llevar por el impulso de juzgar a los demás por un simple gesto porque si alguien se frota la nariz es posible que sólo lo haga porque le pica su apéndice nasal.

Pilar Rego es gallega, diplomada en Educación Social, bloguera, cercana al agnosticismo, defensora de la igualdad en todos los ámbitos de la vida y por ello inevitablemente feminista.
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