Khady Koita “la niña del vientre de arena”

Khady Koita dice que sueña con “conseguir que cada mujer disfrute de su dignidad y su integridad física y moral. Ver el día en que no se hable de derechos del hombre o de la mujer, sino de derechos humanos”.
Esta senegalesa de la etnia soninké a la que le cortaron el clítoris con una cuchilla cuando tenía 7 años, pudo ir a la escuela y aprender a leer y a escribir. . En su pueblo natal era conocida como “la niña del vientre de arena”.
Cuando tuvo la edad “suficiente” la casaron a la fuerza con un hombre que la maltrató durante muchos años. Ambos emigraron a Francia. En París acudió a un centro social y allí empezó a ser consciente de que había otra vida a la que podía optar.
Sus tres hijas fueron “purificadas” sin que ella lo supiese. Cuando después de tener el quinto hijo empezó a tomar la píldora recibió un terrible apaleamiento.
El precio que “la niña del vientre de arena” pagó por su libertad fue muy alto pero ni los palizas, ni los insultos mermaron su fortaleza. Estudió contabilidad y empezó a trabajar, se atrevió a pedir el divorcio y pedir una pensión para sus hijos.
Lleva 22 años luchando contra la práctica maldita de la ablación. En la actualidad preside la red europea contra la mutilación general.
Dica Khady que en referencia a la mutilación genital no se puede mirar hacia otro lado con el manido argumento “es su cultura o su tradición no hay que intervenir”.
A pesar de que en Senegal esta la ablación está prohibida desde el año 1999 se sigue practicando.
En la mutilación hay opciones diferentes: la escisión o corte, la ablación o extirpación y la infibulación que consiste en coser la abertura vaginal con espinas de acacias dejando un mínimo orificio. Todo ellos de la forma más brutal y despiadada.
Khady ha declarado lo siguiente en más de una ocasión:
“La mutilación es un atentado contra la dignidad y la integridad de la mujer; mutila nuestro sexo, pero también una parte de nuestro cerebro, buscando que seamos sumisas, muy sumisas. Te mutilan para garantizar la virginidad y que llegues casta al matrimonio, para que no puedas buscar a otro hombre, porque cuando una mujer es mutilada, se queda sin ganas de hacer el amor, el deseo físico desaparece. La culpable es la educación. Se educa a la mujer, desde bien niña, en que existe sólo para casarse y ocuparse de su marido e hijos. Le hacen llegar la idea de que la mujer está sólo para contraer matrimonio, procrear y ser esclava de su marido; que no tiene derecho a pensar por sí sola, a reflexionar, a vivir como otra persona cualquiera. Se le despoja de su dignidad e integridad. Y cuando a una persona se le quita su dignidad, ¿qué le queda? No gran cosa. Y la mutilación se hace sólo por eso: por el control y la dominación sexual sobre la mujer. Pero yo no culpo de esto a la religión, porque se ha comprobado que nada de ello viene en los textos religiosos, sino que son los hombres los que han querido meter esto en la religión”

Pilar Rego es gallega, diplomada en Educación Social, bloguera, cercana al agnosticismo, defensora de la igualdad en todos los ámbitos de la vida y por ello inevitablemente feminista.
Comentarios recientes