Un alimento de dioses
Es un elemento esencial para la vida humana al que los mayas consideraban un alimento de dioses. Un alimento humilde que sólo necesita harina y agua para su elaboración porque todos los demás ingredientes que se le pueden añadir son opcionales. Las variaciones en su forma y sabor son producto de las diferentes culturas y tradiciones y de sus características culinarias.
Es un alimento denostado que tuvo que dejar paso a las grasas saturadas incluidas en otros productos que intentaron, sin éxito, suplirlo; contra él se erigió una moda en forma de cruzada que le acusaba de engordar a una población cada día más sedentaria pero que, como toda moda que se precie, sucumbió ante el inexorable paso del tiempo.
Es un fiel compañero de la humanidad desde tiempo inmemorial y en algunas culturas es sinónimo de alimento y protagonista indiscutible de diferentes rituales religiosos y sociales.
Afortunadamente llegó la hora de su redención, ahora sabemos que no sólo no engorda sino que “Según los expertos el pan en cantidades adecuadas disminuye el riesgo de contraer enfermedades cardiovasculares, y algunos tipos de cáncer como el de colon y el de mama”
Un recuerdo infantil imborrable que perdura en la memoria, aún a pesar del tiempo transcurrido, es el olor del pan recién horneado en un antiguo horno de leña en la panadería de mi barrio; evocar aquel aroma todavía me permite, al menos durante unos segundos, regresar a un tiempo en él que sólo bastaba cerrar los ojos y abrazarse a un ser querido para ahuyentar a los fantasmas del miedo.

Pilar Rego es gallega, diplomada en Educación Social, bloguera, cercana al agnosticismo, defensora de la igualdad en todos los ámbitos de la vida y por ello inevitablemente feminista.
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