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Archivo Noviembre, 2009

La libertad

27.Noviembre.2009

La Multinacional demandó al pequeño estado porque las leyes de éste impedían el capitalismo salvaje. «Se vulneran los derechos como persona jurídica de mi cliente», alegó el abogado de la Multinacional en el juicio. El presidente del pequeño estado contestó que era el parlamento quien decidía las leyes, no las multinacionales. «¿Ha oído, señoría?», preguntó el abogado de la Multinacional, «¡se legisla en contra de las minorías!». Luego añadió que a su cliente se le discriminaba por su poderío económico, lo que era claramente una práctica estalinista. El presidente respondió que la legislación era justa e igualitaria. «Mentira», gritó el abogado, «¿qué pasa con los derechos humanos básicos de mi cliente? Derecho al despido libre, derecho a la objeción de conciencia en lo referente a las medidas de seguridad en el trabajo, derecho a alargar la jornada laboral de forma indefinida. El estado se muestra intolerante ante todo esto e insiste en imponer sus ideas sectarias, cuando mi cliente sólo quiere que se respete la libertad empresarial».

As time goes by

21.Noviembre.2009

Aquella mañana era 1965 en Guildford, Inglaterra, así como en el resto del planeta, pero el físico William Brown tenía una opinión distinta. ¿Y si no?, se preguntaba mientras se llevaba otra cucharada de cereales con leche a la boca. ¿Y si estos cereales existen también en otros planos espaciotemporales? ¿Y si ahora mismo están en la boca de otro hombre, en otra época?

Llamó a su ex mujer para consultarle estos pensamientos revolucionarios, pero nadie contestó el teléfono. ¿Y si no está en casa porque se encuentra en otro plano espaciotemporal donde las leyes morales son otras?, se preguntó.

¿Y si la gente sale y entra en los distintos universos sin que nadie se dé cuenta?, se planteó mientras paseaba al perro por el parque. Podría ser que ese niño que juega con la cometa se interne dentro de cinco minutos en otro universo y nunca más aparezca en este en el que vivo yo. ¿Adónde va la gente que no volvemos a ver nunca más? Todos esos extraños con los que nos cruzamos inadvertidamente en la calle. Esa gente que nos presentan una noche en un bar y cuyo nombre olvidamos a los cinco minutos. ¿Y si son espías de universos malignos a los que informan de todos nuestros movimientos? Quintacolumnistas de universos paralelos. ¿Y si las desapariciones que se denuncian a la policía tienen una explicación más siniestra? ¿Y si se tratan de traidores que se han pasado al enemigo? O quizá son personas inocentes que han sido secuestradas por los paralelos.

¿Y si los paralelos observan mi sueño?, se preguntó una noche en la que no lograba dormirse. ¿Y si las ventanas de las casas de algún universo dan a mi dormitorio? ¿Y si me asomo al armario y de pronto veo el mismo horizonte que ellos? ¿Y si leen mis pensamientos con la misma claridad con que yo los enuncio? Quizá los publican en sus periódicos, en primera plana.

Dios está con nosotros

17.Noviembre.2009

Afirma Jean Baptiste Ricochet en su ensayo Si Hitler hubiera sido tartamudo, no habría habido Segunda Guerra Mundial que un momento importante de inflexión en el cristianismo sucede cuando una chiquilla francesa se levanta un día de la cama y dice: «Dios quiere que libere Francia de los ingleses». Uno se extraña de que nadie le preguntara a Juana de Arco por qué se metía Dios en política, si es que quería que los ingleses se convirtieran al islam o qué. Los judíos no tienen ese problema, el suyo es un Dios hebreo y tomará siempre partido por ellos, que para algo son el Pueblo Elegido. Pero el cristianismo es otra historia. ¿Por qué Dios se pone de parte de los franceses? Se podría decir, quizá, que Dios es justo y apoya los movimientos de liberación de los pueblos sin estado, pero lo cierto es que los franceses siempre han destacado por su férreo centralismo. ¿Qué pasa con los bretones, Señor, es que no han sido buenos cristianos?, podría decir algún teólogo.

Dios y Patria son una pareja bien avenida; de hecho, forman un ente indivisible en el imaginario colectivo de todos los que siguen estas viejas entelequias. La Patria no se entiende si no es como cristiana. Dios es un dios nacional o no es. Dios está con nosotros, que se les repite a los soldados en todas las guerras. No con el enemigo, aunque éste también sea cristiano. La devoción es lo de menos, lo importante es la nacionalidad. Los patriotas cristianos de cada país están convencidos de que Dios sueña en el idioma que hablan ellos.

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La muerte en primicia

10.Noviembre.2009

«Falleció ayer, siete de junio de 2009, a la edad de treinta y cuatro años, Bernardo Rojo Carmona. Amigo leal y trabajador incansable, no deja mujer ni hijos. Sus compañeros del hotel Buena Victoria ruegan un responso por su alma». Así rezaba la esquela que leí en el periódico. Esto en principio no sería algo destacable, si no fuera porque Bernardo Rojo Carmona era yo y leer tu propia esquela quizá no sea lo más habitual. El hecho de estar en el sofá leyendo el periódico me hacía sospechar que gozaba de buena salud, a pesar de que el diario afirmara lo contrario y su trayectoria como diario serio fuera inmaculada. No, yo no estaba muerto, me dije, esto era un error periodístico, una información mal contrastada. Hay que verificar que el difunto está efectivamente muerto antes de anunciar su fallecimiento; evita complicaciones.

Llamé a la redacción del periódico. Me atendió un amable redactor que se tomó muy bien que un muerto le hablara por teléfono. Le dije que habían publicado una esquela anunciando mi muerte y, como podía comprobar al oír mi voz, yo seguía vivo. Con una calma envidiable, me contestó que quién le demostraba a él que yo era el fallecido. «Podría ser usted un bromista», adujo. Quise demostrar mi identidad dando mi número de la seguridad social, pero me explicó que él no era policía, que no conocía esos datos y no tenía manera de contrastarlos conmigo. Luego añadió que difícilmente podía ser la esquela un error, pues había una noticia referente a mi óbito en la sección de sucesos. «Me parece que eso deja claro que la muerte del tal Bernardo Rojo Carmona está correctamente verificada», concluyó.

Colgué y abrí el periódico por la sección de sucesos. Era cierto, había una breve crónica que informaba de mi suicidio. Al parecer, a primera hora de la tarde, después de subir las maletas de unos clientes y no recibir propina, me había arrojado al vacío por una de las ventanas del hotel. Mi cadáver había quedado irreconocible, pero había sido fácil determinar que era yo, pues el uniforme de botones me delataba (los otros botones demostraron fácilmente que no se trataban de la víctima al no encontrarse estampados en el asfalto).

Esto no podía ser, era absurdo. Recordaba que me había frustrado no recibir propina después de cargar con esas maletas tan pesadas (y más estando el ascensor averiado), ¿pero de ahí a tirarme por la ventana? No soy un tipo tan visceral. Además, si aquello fuera cierto, no estaría en casa planteándomelo, sino en la morgue. No, sin duda se trataba de un error. Quizá algún loco se había suicidado con un uniforme de botones robado. O quizá era algún botones de otro hotel que pretendía desacreditarnos con su sacrificio. Pero nadie es tan estúpido como para llevar la lealtad laboral a esos extremos, así que descarté enseguida esto último.

En cualquier caso, no recordaba ningún revuelo y es evidente que una tragedia así no pasa desapercibida. Tal vez el suicidio sucedió justo después de marcharme, porque lo cierto es que me había marchado pronto a casa debido a que no me encontraba bien. Eso explicaría que, en mi ausencia, me tomaran por el tipo estrellado en el suelo.

Reflexionando acerca de todo esto, encendí el televisor y puse las noticias con la esperanza de que hablaran de mi falsa muerte. Tuve suerte (una suerte relativa, claro); después de informar de la política nacional, pasaron a hablar de las tragedias cotidianas. Entre ellas, la mía. Decían que el día anterior se había suicidado el empleado de un hotel. Comentaron brevemente el estrés del trabajo y salió mi amigo Felipe, que dijo que yo era un buen tipo y que nunca había dado señales de estar deprimido. Luego enfocaron un cuerpo en la calle, tapado con una sábana blanca. Era yo, sin duda: mi brazo izquierdo estaba descubierto y pude reconocer un lunar que tengo junto al codo.

Estaba muerto, lo decía incluso la tele.

Comprendí por fin que estaba intentando enmendar el error de forma incorrecta. Hice entonces lo que debía: me puse el uniforme de botones y regresé al hotel. Antes de saltar por la ventana, imaginé cómo sería la esquela del día siguiente: «Volvió a fallecer ayer, ocho de junio de 2009, a la edad de treinta y cuatro años, Bernardo Rojo Carmona. Amigo leal y trabajador incansable, no deja mujer ni hijos. Sus compañeros del hotel Buena Victoria ruegan que esta vez sea la definitiva».

Breves

6.Noviembre.2009

Declaraciones de Esperanza Aguirre sobre su polémica con Cobo:

«A mí la equidistancia entre los agresores y las víctimas me parece realmente muy lamentable».

Quién nos iba a decir que finalmente Espe apoyaría la ley de Memoria Histórica.

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Polanski

3.Noviembre.2009

«¿Algo qué declarar, señor?», le preguntaron a Polanski en la aduana del aeropuerto. «Me declaro inocente», contestó, por si acaso. Esta respuesta hizo sospechar al policía suizo, que enseguida se lo comunicó a su superior. «Polanski suena a agente del KGB», murmuró éste, ignorando que el KGB ya no existe (al menos con ese nombre).

—Queda usted detenido, por espía soviético —le informó.

—Pero si la Unión Soviética ya no existe —se defendió Polanski.

—Eso es lo que dice usted.

—Además, soy polaco, no ruso.

—Es igual, sigue trabajando para el Pacto de Varsovia, entonces.

—¡Soy director de cine!

—¿Sí? Dígame alguna película que haya hecho.

—¿Ha visto Repulsión? Trabajé en ella con Catherine Deneuve.

—No me suena.

—¿La semilla del diablo?

—Tampoco.

—¿El baile de los vampiros?

—Oiga, ¿pero qué clase de películas hace usted?

—¿La muerte y la doncella?

—Bien, bien, lo apunto: no sólo bolchevismo y espionaje, sino también satanismo y películas snuff.

—Joder, pues cuando llamen desde Estados Unidos y le cuenten lo de la chica de trece años…

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