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Alerta morada en K’hz’raa

(Sí, estoy comprobando hasta qué extremos puedo llegar con los títulos y seguir saliendo en la portada de NT.)

Lejos, muy lejos, y hace mucho tiempo, dos seres que en apariencia eran humanos conversaban en un lujoso despacho.
      —Para tener una economía fuerte, necesitamos que los consumidores recobren la confianza en el sistema y vuelvan a soltar dinero a espuertas para que dispongamos de él —dijo el lumbreras.
      —Además, el optimismo sin fundamento es bueno para el pueblo; en el fondo, lo hacemos por ellos —dijo el cínico.

§

 

Aquellas dos enormes mentiras generaron sendos ecos que, como explosiones gamma, se expandieron abarcando constelaciones a la velocidad de la luz. No fue un hecho aislado, por supuesto. Cada día trillones de mentiras diferentes generan trillones de ondas con distintas frecuencias que, por lo general, pasan desapercibidas en el amplio espectro de la tontería sin sentido.
      Pero dos mil quinientos años después, los restos intactos de esas dos mentiras alcanzaron los detectores instalados en el sistema K’hz’raa, y su combinación con el nivel de credulidad terrícola que constaba en las bases de datos hizo saltar una alarma. El técnico que estaba de guardia en el radiotelescopio orbital frotó dos de sus apéndices, perplejo. Nunca había visto encenderse la luz morada, pero recordaba que alguien la había mencionado durante su entrenamiento en el planeta, años atrás. Era algo como… no, debía de ser… ¡claro, eso era! La luz violeta era la alarma nTMP, es decir, el sistema que reaccionaba al detectar n-tropiezos con la misma piedra. En algún rincón de la galaxia –ahora tendría que calcular en cuál– había una civilización haciendo el gilipollas, volviendo a caer en antiguos errores y poniéndose en manos de una panda de h’gak’nes sin conciencia.
      El técnico puso el ordenador a calcular, envió los resultados al centro estratégico de la segunda luna y encendió un pitillo bajo en antimateria. Aquello ni era fumar ni era nada. Pero se relajó de todos modos, reclinado en su campo magnético. Ya no había más trabajo hasta que se encendiera otra lucecita en el panel.

§

 

El gobierno K’hz’raa tampoco tenía nunca demasiado trabajo porque, mil doscientos años antes, había decidido apostar fuerte por la educación pensando que, cuanto más listos fueran sus ciudadanos, menos gobierno necesitarían. Este acto de autocanibalismo es muy poco frecuente en los gobiernos, motivo por el que las civilizaciones auténticamente avanzadas son tan escasas en la galaxia. En cualquier caso, los funcionarios giraron sus pseudópodos de alegría al recibir el informe de la estación orbital, que sin duda iba a sacarlos de su tediosa rutina.
      Las mejores mentes K’hz’raa, reunidas en la segunda luna, se pusieron a pensar.
      Los militares esbozaron un plan de ataque. Sin duda, para cuando llegaran al sistema Sol unos cuatro mil años después de generarse la alerta morada, allí solo quedarían escombros y gente con palos. O como mucho, si el poder fáctico había sido listo y no listillo, una civilización estancada que no opondría resistencia. Como buenos militares, se emocionaron y mandaron un representante al consejo técnico para solicitar el uso de transportes más rápidos.
      Los técnicos miraron por el rabillo del esfínter la propuesta militar, pero antes de rechazarla de plano se les ocurrió que tal vez sería conveniente enviar a alguien al sistema Sol en menos de mil años, para ver si aún quedaba algo que arreglar. Si echaban apéndice de la energía del núcleo galáctico, tal vez aún quedara esperanza para aquel desdichado planeta. Porque si habían hecho saltar una alarma morada, estaba claro que por su propio pie no salían de aquella. Elevaron una petición de antienergía al comité científico.
      Los científicos sabían perfectamente que podían llegar a tiempo de salvar a los humanos. De hecho, el Primer Axioma del Desarrollo1 garantizaba que incluso podían llegar antes de que lo echaran todo por el retrete, antes de las dos mentiras que desembocarían en una alarma morada. Haría falta una cantidad ingente de recursos para llegar al pasado de aquel planeta, pero podía hacerse. Sin embargo, estarían trasteando con la causalidad, y existían protocolos que debían cumplirse. Había que comprobar, por ejemplo, que la situación actual no se debiera a que ellos mismos ya hubieran viajado al pasado para provocar la estupidez humana y así eliminar una posible competencia. Los científicos empezaron a consultar la bibliografía, como suelen hacer.
      Y mientras ocurría todo esto, las mejores mentes K’hz’raa, reunidas como decíamos en la segunda luna, terminaron de pensar. Y concluyeron que tal vez una civilización que se deja engañar una y otra vez por el cáncer social de quienes buscan el lucro inmediato no merezca ninguna ayuda.

1. Que reza: «Toda civilización capaz de fabricar cigarrillos light de antimateria también puede viajar en el tiempo».

Manu Viciano , , ,


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  1. 4.marzo.2010 - 10:58 | #1

    Creo que va siendo hora de que alguien te ponga este comentario por aquí (por allí me consta que ya lo has recibido alguna que otra vez):

    Amén, hermano.

    (Te ha quedado mejor que un cartel, sinceramente).

  2. 4.marzo.2010 - 12:29 | #2

    La frase de después del “tal vez” del último párrafo es de una claridad meridiana… se puede decir mas alto pero no mas claro. Me ha gustado mucho la “metáfora”.

  3. 5.marzo.2010 - 11:23 | #3

    Bravo, bravo, bravo.

  4. JMHulme
    5.marzo.2010 - 17:41 | #4

    Me encantan las cosas explicadas en Modo “cuento”. Te permite soltar verdades como puños y al mismo tiempo jugar con extraterrestres fumadores de cigarrillos de antimateria. ¡Fantástico!

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