Por todo equipaje
Llegó al fin a la orilla,
se agachó, se echó la espuma
de las olas a un hombro
y se llevó el mar como si fuera un saco.
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Llegó al fin a la orilla,
se agachó, se echó la espuma
de las olas a un hombro
y se llevó el mar como si fuera un saco.
Publicado en El callejón del ángel.
Fuego, camina conmigo1.
Báilame con ritmo quedo,
análogo al silencio2.
Enséñame otra vez a arder
con la desesperación por resucitar del Fénix.
Abraza mis cenizas,
fecúndalas de verdes agonías.
Fuego, camina conmigo.
Quema el recuerdo y siembra
una flor de lucha y sangre
sobre mi cadáver fértil.
Ahuyenta este frío con dientes de perro
lejos de todas nuestras primaveras.
Conviérteme en un asesino de oscuridades.
Fuego, camina conmigo:
déjame intentarlo una vez más.
1. Fuego, camina conmigo es una película de David Lynch.
2. En el poema En el cementerio marino de Paul Valéry aparece el verso “…en un tumulto análogo al silencio”.
La tarde se me había clavado entre las costillas como una esquirla de metralla al rojo, así que bajé a la calle, que es la mejor sutura que conozco. Decidí que ese día tocaba jugar a detectives: me subí las solapas de la chaqueta, me calé el sombrero hasta las orejas y, expirando el vaho sucio del centro de la ciudad, empecé a seguir a un hombre. Era un señor mayor, con gabardina de paño marrón hasta los tobillos y guantes de cuero oscuro; el cuello, tan torcido hacia delante que parecía nacerle en el esternón, le daba la apariencia de un buitre con traje caro. Caminaba con pasos lentos y largos; en apenas diez metros le infligí una biografía de contrabando y miradas furtivas, pero cuatro calles después me cansé de él y elegí otro objetivo: la enigmática mirada de serpiente de una vendedora de flores. Sentado en un banco observé cómo seleccionaba cuidadosamente los colores y aromas, siguiendo una lógica que sólo ella conocía y que imaginé como un lenguaje en clave. Dos rosas, un clavel y una margarita: la policía nos vigila. Tres siemprevivas y una violeta: puedes venir esta noche. Por su tenderete pasaron niños, ancianas, padres de familia, adolescentes, universitarios, y ni una sola vez construyó dos ramos iguales. Cuando la noche terminó de desvestirse cerró la persiana metálica y me lanzó cinco nomeolvides; después se marchó tan rápido como un ratón entre el maíz. Quise ir tras ella, pero no pude moverme. Resignado, me puse una moneda en cada ojo y me tendí en el banco, con el ramo azul sobre el pecho. Ya no respiraba: la tarde se me había entrado tanto en el pecho que mis pulmones estaban hechos de atardecer.
Como nota curiosa sobre este poema: cuando lo escribí (en la Fundación A. Gala) causó cierta polémica entre Nabor (un amigo y compañero) y yo, porque él afirmaba que el ligamento cruzado externo no existe. Según comprobé yo después, sí que existe, pero la verdad es que aún no lo tengo claro del todo.
Declaración de (malas) intenciones
Amo el ligamento cruzado externo de tus rodillas,
porque te permite caminar de vuelta a casa
y mantenerte erguida para que te abrace desde atrás.
Adoro el buen hacer de tus mandíbulas
por razones que ya te explicaré en privado.
Reverencio la flexibilidad de tus tendones
(y sobre eso hay muy poco que explicar).
Idolatro los músculos que mueven tu pecho
porque puedes llenarlo de aire para gemir.
Y es que, amor, la lírica le está muy bien a los poetas
pero yo soy más bien de follar.
En estos momentos está terminando el desalojo del Patio Maravillas, un centro social okupado en Madrid que, con un modelo asambleario de autogestión, se ha convertido en un referente cultural en el panorama madrileño desde su creación hace dos años. Este tipo de centros se están dando en muchos lugares de España, como respuesta de la ciudadanía a la falta de espacios públicos de gestión horizontal y no vertical, como muestra de rechazo a que absolutamente todo tenga que ser controlado, decidido y dirigido por un político desde su despacho. Sitios como el Patio Maravillas, la Casa Invisible (Málaga) o el Ateneu Candela (Tarrassa) se multiplican por toda España con un éxito indudable de público y con el apoyo y respaldo de importantes sectores de la cultura y el arte.
Pese a esta gran labor, la respuesta de los ayuntamientos es siempre la misma: denuncias, policía y desalojo. Primero intentan (con éxito nulo hasta ahora) sacar a los miembros de los centros sociales con cantos de sirena, prometiéndoles locales en otro lugar; este tipo de promesas aún no se han cumplido en ningún caso. Los políticos deberían tomar buena nota de los movimientos ciudadanos que, de forma cada vez más mayoritaria y en todos los ámbitos, están optando por modelos de autogestión que escapan al control político y a la acción de intermediarios interesados. Quizá encuentren mucho más productivo, útil y sobre todo positivo para la gente apoyar a estos colectivos y apostar por la humanización de las ciudades a través de la cultura y la implicación ciudadana. Desde aquí todo mi apoyo y solidaridad al colectivo del Patio, además de mis felicitaciones por la labor de los últimos tiempos. Mucho ánimo para continuar la lucha.
Post-data: Esta tarde a las 20.00 h, concentración pacífica en la plaza del 2 de Mayo contra el desalojo. Sigue la evolución de la noticia minuto a minuto en nuevatribuna.es y en el twitter del desalojo.

Concentración de simpatizantes del Patio contra el desalojo.
Este poema ha aparecido publicado en Hipotecas familiares, el número 2 de la revista literaria Catálogos de Valverde 32, editada por Raúl Díaz Rosales y Ramón Díaz Guerrero con la colaboración del Instituto Municipal del Libro. Raúl, con el que comparto oficio (poético y filológico) y cervezas ocasionales, me pidió que hiciera una versión propia de un texto a mi elección. Pensé en Nacho Vegas, cuya música nos apasiona a los dos, y acabé escribiendo esta respuesta a Mi Marilyn particular, una de mis favoritas. Por aquí lo dejo, para quien pudiera interesar; no sé qué distribución está teniendo la revista, pero si alguien tiene especial interés que avise y preguntaré dónde y cómo se puede conseguir.
…en una de esas tardes que parece como si lloviera a propósito
me encerré en mi mesa y vi una espiral de puertas
y en cada una de ellas grandes letras rezaban así: “esto no es una salida”
reconocí al instante aquel sucio e inmenso corredor donde otras (demasiadas) veces las inevitables
[ madrugadas acabaron en otro anochecer
y oí la misma voz que en las ventanas me susurra “salta”
cuando ordene usted puedo desaparecer y antes de darme cuenta ya estaba para ti haciendo mi
[ papel me tiré pantalla abajo pero en esta ocasión sólo había familias de cucarachas en el patio de butacas recorrí los corredores aullando necesito escuchar tu ladrido hoy necesito que alguien me amarre unos dientes en la nuca que alguien me humille dónde estás dame nombre para que pueda existir sácame de aquí
yo no quise caer a este lugar sólo quería recordar el ruido del cinematógrafo y las paredes
[ desconchadas ahora que la fachada del cine es una máscara de andamios y además
es mi forma de cantar
yo jamás imaginé que existir fuera a causarme adicción cómo iba a adivinar que podía hacerme
[ daño alguien que era real
era yo quien se iría al final de la película no puedes darme la vida a golpes y luego dejarme así
aunque no sea rubia aunque no hable inglés y sea más que estúpida aunque no sea de verdad
y ahora busco a cualquiera que pueda parecerse a ti para pedirle que me viole y preguntarle,
en fin, ¿serías tú mi Nacho Vegas
Una pequeña incursión al pasado. Escribí este artículo hace algo más de 2 años, para una colaboración que me ofreció un amigo con el Diario La Axarquía de Málaga.
Ayer por la tarde, la lluvia repentina me caló el sombrero, pero me trajo cierto alivio. Andaba calle abajo cuando estalló la tormenta, y me dije, “claro, esto lo explica todo”. Las horas anteriores se habían marchado a paso lento, dejando un olor a ozono, robándole las voces a los pájaros. Justo cuando estaba preguntándome para qué estaría cogiendo carrerilla el mundo, me resbaló una gota helada por el cogote y estalló la tormenta. Me acordé de un verso de Silvio: “vienen antecedentes de los ciclones”. El destino (me lo imagino como un señor bajito y ludópata, con un sentido del humor bastante absurdo) siempre llama por teléfono antes de presentarse. Lo malo es que deja unos mensajes en el contestador rarísimos: quién le iba a decir a César que los idus de Marzo, y la reciente afición por los puñales de Bruto, tenían algo que ver. Mientras me empapaba bajo una cortina de agua, subiendo por la calle del Silencio hasta el callejón de Granada donde vivo, pensé que la lluvia no bastaba para explicar el ánimo que la primavera y la ciclotimia me habían traído. Una sensación en el pecho de que está a punto de ocurrir algo grande. Una intuición de final de ciclo, de cambio, de renovación, de tormenta. Da un poco de miedo meterse a adivino a estas alturas del partido. Aún así, abro más y más los ojos, para que no se me escape nada, para que no pase de largo por mi puerta la clave de este acertijo. Como un paranoico que descubre por todas partes pruebas de su gran conspiración. Creo ver señales en cada esquina; lo malo es que no sé qué significan. El mundo, desde luego, no deja de enviarnos mensajes de que es preciso un cambio. Lástima que nuestros bienamados gobernantes sólo hablen su propio idioma (que, por cierto, nadie más entiende). Pero sospecho que la cosa no va por ahí. Y esta mañana me he quedado sin butano, pero tampoco creo que sea eso. Soy yo quien va a cambiar. Estoy asomado al borde de mí mismo, y todavía no sé si me gusta lo que veo. Para resguardarme de la lluvia y resucitarme del frío, entré en un bar a beber algo. Me encontré con una mirada de mujer que me puso el corazón a tocar palmas, y le preguntaba sin hablar, “¿serás tú lo que va a ocurrir?”. Sé que soy un iluso: visto lo visto, creer que el amor redime es, en el mejor de los casos, sólo poesía. Ya no hay princesas a las que rescatar de un monstruo. No puedo jugar a ser el príncipe azul de nadie. Ahora los mapas han clavado a un panel con alfileres la imaginación, como coleccionistas de mariposas, y no hay reinos lejanos donde la magia y la esperanza todavía estén permitidas. Sin embargo, ayer llovió, y hoy en el aire hay presagios de dragones.
Llueve, así que enciendo el limpiaparabrisas. Llueve y cae una manta blanca de niebla que intenta, pero no consigue, que estrelle este coche que no es mío contra una encina muerta que resiste en pie junto al arcén. Bajo el volumen de la radio para escuchar las gotas golpeando los cristales, para oír los truenos, que son las carcajadas de la tormenta. Conduzco como un águila que sobrevuela dibujando círculos un lugar cualquiera, como si no tuviera nada mejor que hacer; nunca me ha preocupado menos llegar tarde o que me estén esperando. Llueve como tinta transparente, alimentando las olas enormes que parecen querer comerse estas playas de arena blanca. Tengo las manos agrietadas del frío, duras y agrestes como si tuviera piel de carretera. Mañana es la penúltima etapa de mi viaje, y creo que incendié mis naves el mismo día que aprendí a decir “bésame” o ”sólo de ida, por favor”. Adiós al Sur. El futuro me espera.
Hoy me van a permitir que ceda la palabra a la voz de Luis Rogelio Nogueras, un poeta cubano ya fallecido muy poco conocido en españa. Tuve la suerte de conocer su obra en La Habana, la ciudad que lo vio nacer. El poema que traigo hoy no es de los mejores, ni siquiera es el que más me gusta; pero me lo he cruzado por casualidad y, por alguna razón, llevo un rato releyéndolo una y otra vez.
El revés de la muerte (no la vida)
el que clama por agua (no el sediento)
el sustento vital (no el alimento)
la huella del puñal (nunca la herida).
Muchacha antidesnuda (no vestida)
el pórtico del beso (no el aliento)
el que llega después (jamás el lento)
la vuelta del adiós (no la partida).
La ausencia del recuerdo (no el olvido)
lo que puede ocurrir (jamás la suerte)
la sombra del silencio (nunca el ruido).
Donde acaba el más débil (no el más fuerte)
el que sueña que sueña (no el dormido)
el revés de la vida (no la muerte).
Hay días en que uno se levanta y encuentra algo que le hace pensar, por un momento, que realmente el mundo es un lugar maravilloso. La cadena de acontecimientos que te lleva hasta ese instante de paz suele tener un algo de inevitable y un mucho de absurdo. Esta mañana de sol me he sentado al ordenador con el café y, de forma automática, he abierto Nueva Tribuna para leer los titulares. Con un suspiro de alegría he visto que, al fin, han podido enterrar dignamente a Víctor Jara. Me doy cuenta de que no soy el único de mis compañeros de periódico que se hace eco; abro Spotify, pongo algo de Jara y canturreo bajito mientras sigo leyendo.
Unos minutos después empieza a sonar una canción en inglés que no conozco y que, obviamente, no es del cantautor chileno. Compruebo la razón de que se haya colado en mi lista de reproducción: se llama Víctor Jara´s hands, de un grupo norteamericano llamado Calexico. Me quedo paralizado por la música, como un conejo deslumbrado por los faros de un coche en una autovía. Cuando termina la canción, corro a poner su último disco completo. Su título, Carried to dust, trae a mi mente un verso de La tierra baldía de Elliot (I will show you fear in a handful of dust; “te mostraré el terror en una mota de polvo”) y recuerdo que Neil Gaiman lo utilizó en una contraportada de The Sandman. Eso me lleva a pensar en Desde Sueño, un blog que antes solía visitar mucho, pero que hace tiempo que tengo olvidado, así que me meto a cotillear un poco a ver qué hay de nuevo.
Y así he llegado, al fin, hasta este post, en el que he descubierto que hay gente que se dedica a guardar pequeños tesoros en fiambreras y enterrarlas en el campo, para que otras personas puedan coger un mapa y pasar una mañana de domingo y sol buscando y sintiéndose un poquito más pirata, un poquito más niño y un poquito más feliz. Y ahora, mientras busco mi parche para el ojo, me ciño mi espada y despliego velas para ir a la caza del cofre de Long John Silver o del tesoro de la Isla de los Monos, díganme si se atreven que no hay días en que el mundo es un sitio cojonudo para estar vivo.
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