Rompió el sobre casi con deleite y extrajo la ansiada orden de alejamiento. Después abrió el listín telefónico por la página marcada y tachó un nombre más.
Aquella mujer cumplía todos los requisitos; por eso la eligió. Mediana edad, soltera, a cargo de su anciana madre, trabajadora; era de suponer que honrada y virtuosa. Tomó algunas fotos de ella desde la seguridad de su coche y averiguó todos los datos que necesitaba; después, empezó a seguirla.
Al principio no se dejaba ver. Era esa cara extrañamente conocida que te encuentras a menudo en el autobús, en la cola del mercado, en la calle de la peluquería. Después pasó a ser la inquietante presencia detrás de la última esquina, el hombre que siempre está a la salida de tu trabajo y recorre el mismo camino que tú. Poco a poco se mostró cada vez más y empezó a seguirla constantemente. Ella se asomaba a la ventana nada más despertarse, y le veía sentado en un banco observándole con unos prismáticos. Fuera a donde fuera el hombre la seguía con descaro, hasta convertirse en una sombra pisando su propia sombra.
Una noche, después de meses sin tener una cita, salió a cenar con un hombre. No había visto a su acosador en todo el día. Llegó a casa un poco achispada por el vino. Llamó al ascensor; de él salió aquel extraño que no la perdía de vista. Se cruzó con ella casi sin mirarla, con dejadez; se tocó el ala del sombrero y musitó un “buenas noches”. Aterrorizada, subió a casa llorando y llamó a la policía para poner la denuncia.
Todo había salido a pedir de boca. El juez había dictado una sentencia clara: orden de alejamiento. Una más. Ya llevaba trescientas sesenta y siete. El hombre se sentó en su butaca satisfecho, encendió un cigarro y buscó otro nombre en el listín telefónico. A este paso, muy pronto tendría una orden de alejamiento de todos y cada uno de los habitantes de la ciudad.
Tal vez entonces conseguiría, de una vez por todas, un poquito de calma.
acosador, cuento, misantropía
Inauguramos junto con el blog la minisección Premios CTPTM (Cómo Te Pasas): con periodicidad variable (es decir, cuando la actualidad lo requiera y mis ganas lo permitan) seleccionaremos la frase, comentario, respuesta, chascarrillo o cualquier otra variante diarreica verbo-mental de la semana. Preferiblemente de personajes públicos, porque es mucho más divertido si todos sabemos de quién nos estamos riendo. ¿Y qué tipo de frases podrán optar a los Premios CTPTM? Cualquiera que produzca una reacción generalizada que vaya del “pero bueno, pero bueno” al “halaaaaaa”, pasando por todos los grados intermedios. Es decir, cualquier frase de las que uno las oye y dice: “pero tío, cómo te pasas“.
Y el Premio CTPTM de la semana, terriblemente disputado entre todas las manifestaciones públicas que se han hecho sobre el asunto, es para (rrrrrrrrrrrrrrrrrrredoble de tamboreeeees…):
Ricardo Costa, por su extraordinario papel en 24 hour PP (Party People):
“Esto que voy a leer no viene en el comunicado [se escucha un "¿comorrr?" seguido de un "gluc" en el lado de los asesores de prensa]. Un amigo mío dijo que la fiesta se terminaba a las 4. Pero la fiesta en el PP no se acaba nunca“.
Y ustedes, ¿creeen que Costa se merece este gran reconocimiento? ¿A quién le darían el Premio CTPTM de la semana? ¡Hasta la próxima entrega de los Premios CTPTM!
cómo te pasas, corrupción, gürtel, humor, pp, valencia

"A la deriva", Daniel Santo
Aquella noche, tiramos los televisores por la ventana y bajamos a la calle. Con todas las malas noticias del último año encendimos una hoguera tan grande y roja como el corazón de la ciudad. Después disparamos alegremente contra el cielo gris, contra las altas banderas y contra el miedo; subimos a la espalda de los hombres de piedra y les pintamos bigotes con un trozo de carbón. Entre carcajadas les bajamos los pantalones a los dioses, levantamos las faldas de las vírgenes y emborrachamos a los angelotes hasta que empezaron a tocar un jazz enloquecido con sus trompetas.
Entonces rompimos a bailar y dimos más y más vueltas, hasta que el beat de nuestros pies borró todas las fronteras. Y en el centro de la espiral de caos feliz, un niño sembraba el vástago de un árbol y una voz le susurraba al oído: “crear es resistir”. Yo me había quedado clavado al asfalto al ver unos ojos que había olvidado, como un ciervo deslumbrado por los faros que van a atropellarle. En mi cabeza volvieron a sonar las canciones de aquel bar; no sé si es apropiado bailar en medio de las ruinas, pero quizá el mejor momento para un vals sea después del bombardeo.
Cuando el futuro decepciona, el hombre siempre vuelve al pasado. Últimamente escribo para contar las cenizas, para nombrar los escombros, como un robinson haciendo inventario de los restos del naufragio. Escribo para volver a la época en la que sólo me preocupaba escribir, pero estoy demasiado viejo para creer las mentiras de los niños y soy demasiado joven para empezar a creer las de los viejos. Me he sentado un rato lejos de la batalla, sin saber dónde poner las manos, si en un fusil cargado de futuro, en otro café o en tu muslo izquierdo; con el recuerdo de una tarde de lluvia, de tu pelo enredado.
canciones, lluvia, memoria, mentiras, naufragio, resistencia
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