Para F.
Imagina que te regalo una pajarita de papel con algo escrito dentro que nunca llegas a leer. Imagina que la pones en tu mesa y te canta bajito una canción que sólo tú y yo conocemos. Imagina que me levanto de mi silla en la oficina y te saco a bailar un vals ante las caras sorprendidas de todos los jefes, de todos los trajes grises, como dos kamikazes enamorados sin nada que perder. Imagina que corro a abrir las ventanas y el viento entra y se lleva todos los papeles importantes, a toda la gente seria. Imagina que la pajarita de papel crece hasta volverse caballo de cartón, y que nos subimos en él y nos vamos lejos, muy lejos, donde nadie pueda encontrarnos, donde todo ocurra por primera vez.
cuento, personal
Este post es un poco más largo de lo habitual; es un relato que escribí hace cosa de un año. Que me disculpen los lectores menos pacientes.
Teníamos un problema y quisimos solucionarlo. No es culpa nuestra todo lo que pasó después.
Nuestro país vivió años felices tras la Guerra. Había que reconstruir el mundo, así que nos pusimos manos a la obra. Pocos años después observamos que, por decirlo de algún modo, la tierra quemada es a veces más fértil. El crecimiento económico se disparó: nacieron grandes empresas, y atrajimos enormes capitales extranjeros que, al poco, decidían establecerse y convertirse en parte de nosotros. Se fabricaron más coches que nunca; se abrieron carreteras para que circularan. La industria dio trabajo a todo el país, y los hijos de esos nuevos obreros llenaron las universidades, poblaron los cines y los restaurantes. Las leyes aún eran duras, como corresponde a leyes escritas en tiempos de guerra; eso hacía que el país fuese una balsa de aceite. Por aquel entonces, apenas teníamos que seguir conduciendo la máquina, que por todo lo demás andaba sola.
Sigue leyendo…
cuento, inmigrantes, política
Ando viendo en la televisión estos días anuncios de la “última” película sobre catástrofes llegada desde Hollywood, esa tal 2012. Por supuesto, en los más serios informativos de televisión (después de un elaborado y comprometido reportaje de investigación sibre un grupo de niños que ha ido al acuario de Valencia a ver tiburones) no han tardado en hacer una profunda y sesuda reflexión sobre la fragilidad de la Historia, el calendario maya y las profecías de sus astrologos. Según dicen, el mundo se acaba en 2012 básicamente porque es el último año que contempla el, por otro lado, bastante preciso calendario maya. Y la cuestión es: ¿no será más lógico que, a lo mejor, todo puede ser, simplemente se aburrieran de seguir haciendo calendarios chorras para dentro de un montón de tiempo? Imagino al tipo que se dedicaba a eso en un despacho en mitad de la selva. “¿Qué, Napahuatl, qué tal?” “Pues nada, ya ves, haciendo calendarios.” Así hasta que le preguntaron por qué año iba y ya le dijeron que no fuera exagerado, que para cuando llegara 2012 todos calvos y ya contratarían a otro becario que continuara la tarea. También hay algunas profecías en el Popolvuh, un libro que contiene lo poco que sabemos de la religión maya; pero es todo tan alegórico desde la primera línea (cosa lógica, en una tierra tan proclive a los cactus alucinógenos) que darle un sentido literal es una pérdida de tiempo. Por otro lado, tampoco es que digan nada que no sepamos ya. ¿Que cada equis siglos todo el mundo se va más o menos al carajo y hay que empezar desde cero? Pues vaya novedad.
El caso. Que no, que el mundo no se acaba en 2012. Hala, dispérsense.
chorradas, pensamiento resacoso
Se nos ha muerto demasiada gente este año. Se nos ha muerto José Luis López Vázquez, un hombre que todo el mundo habría querido por abuelo. También un tal Michael Jackson, que tenía lo que se necesita para ser un genio, un mito: un talento arrollador y tantas sombras como luces. Se nos ha muerto Levi-Strauss, una de las mentes más brillantes del siglo XX, dejándonos un poco huérfanos a todos los que amamos las letras. A algunos se les ha muerto la ilusión al descubrir, con el primer año de Obama, que también él es sólo un hombre. Se nos han muerto millones de personas, a manos de otras personas o de problemas que otras personas podrían haber solucionado. Demasiada gente.
Se nos ha muerto también Francisco Ayala. Viví en una casa en la que él vivió de niño. Leyendo sus obituarios, revisando los libros que tengo de él en la estantería, buscando aquel cuento que tanto me gustó cuando estudiaba, no puedo pensar en nada más. Viví allí muchas cosas y también todas ellas se me han muerto entre los dedos. Hace apenas unos días habrían pasado ya dos años desde aquella noche, y creo que sólo yo hizo su réquiem particular. Me acabo de dar cuenta de que uno puede ahogarse en el agua pasada, por mucho que no mueva molino. Se nos han muerto demasiadas cosas, demasiada gente, demasiada. Yo sólo quiero que se muera también este año maldito. No vaya a ser que se dé cuenta de que ya no le queda nada que quitarme.
memoria, muerte, personal
El jueves escuché en la radio con estupefacción las últimas declaraciones de José María Aznar. Lo que más me sorprende es que soy el único al que le han dado miedito, lo que probablemente sea efecto de que ponen sus palabras sacadas de contexto, en vez de la frase entera que dijo. Esto es lo que sale en la prensa:
“Un líder, no varios; un partido, no varios; un proyecto, no varios. La conjunción de estas tres cosas a mí me dio resultado”.
José María Aznar
La respuesta original tenía más miga y daba más repelús, porque lo que dijo realmente fue “un proyecto, no diecisiete”. Habida cuenta de que en España hay 17 autonomías, la frasecita de marras tiene mucha más miga porque, por un instante, desprende un tufo rancio que a todos nos suena de algo. A nadie le extrañará que Aznar eche de menos tiempos en los que sólo había un líder, un partido y una España (que además era grande y libre, ya sabemos); lo que nunca deja de sorprenderme es que lo diga sin ningún empacho y que, además, se vea a sí mismo como el Mesías. Por eso, Jose Mari, esta semana el Premio CTPTM es para ti.
aznar, cómo te pasas, pp
Comentarios recientes