Reflexión estúpida del día
Ando viendo en la televisión estos días anuncios de la “última” película sobre catástrofes llegada desde Hollywood, esa tal 2012. Por supuesto, en los más serios informativos de televisión (después de un elaborado y comprometido reportaje de investigación sibre un grupo de niños que ha ido al acuario de Valencia a ver tiburones) no han tardado en hacer una profunda y sesuda reflexión sobre la fragilidad de la Historia, el calendario maya y las profecías de sus astrologos. Según dicen, el mundo se acaba en 2012 básicamente porque es el último año que contempla el, por otro lado, bastante preciso calendario maya. Y la cuestión es: ¿no será más lógico que, a lo mejor, todo puede ser, simplemente se aburrieran de seguir haciendo calendarios chorras para dentro de un montón de tiempo? Imagino al tipo que se dedicaba a eso en un despacho en mitad de la selva. “¿Qué, Napahuatl, qué tal?” “Pues nada, ya ves, haciendo calendarios.” Así hasta que le preguntaron por qué año iba y ya le dijeron que no fuera exagerado, que para cuando llegara 2012 todos calvos y ya contratarían a otro becario que continuara la tarea. También hay algunas profecías en el Popolvuh, un libro que contiene lo poco que sabemos de la religión maya; pero es todo tan alegórico desde la primera línea (cosa lógica, en una tierra tan proclive a los cactus alucinógenos) que darle un sentido literal es una pérdida de tiempo. Por otro lado, tampoco es que digan nada que no sepamos ya. ¿Que cada equis siglos todo el mundo se va más o menos al carajo y hay que empezar desde cero? Pues vaya novedad.
El caso. Que no, que el mundo no se acaba en 2012. Hala, dispérsense.
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Antonio Santo (Málaga, 1985) es escritor y músico. Se licenció en Filología Hispánica por la
Que no, que no. Que lo del 2.012 es una conspiración judeomasónica orquestada por los mormones de Zihuatanejo para distraer la atención de sus planes de dominación mundial, consistentes en rapar a todo el mundo al cero. O algo así.
Naaaa, Roland Emmerich viajó al pasado combinando un Stargate y una erupción solar y les dejó el calendario a los mayas para poder promocionar lo que (al menos según cuenta todo el mundo) es un bodrio de primera.
De hecho, los mayas no se llamaban mayas. Se lo puso Emerich porque es un coñón.