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Anotaciones etiquetadas con ‘memoria’

Demasiada gente, demasiada

5.noviembre.2009

Se nos ha muerto demasiada gente este año. Se nos ha muerto José Luis López Vázquez, un hombre que todo el mundo habría querido por abuelo. También un tal Michael Jackson, que tenía lo que se necesita para ser un genio, un mito: un talento arrollador y tantas sombras como luces. Se nos ha muerto Levi-Strauss, una de las mentes más brillantes del siglo XX, dejándonos un poco huérfanos a todos los que amamos las letras. A algunos se les ha muerto la ilusión al descubrir, con el primer año de Obama, que también él es sólo un hombre. Se nos han muerto millones de personas, a manos de otras personas o de problemas que otras personas podrían haber solucionado. Demasiada gente.

Se nos ha muerto también Francisco Ayala. Viví en una casa en la que él vivió de niño. Leyendo sus obituarios, revisando los libros que tengo de él en la estantería, buscando aquel cuento que tanto me gustó cuando estudiaba, no puedo pensar en nada más. Viví allí muchas cosas y también todas ellas se me han muerto entre los dedos. Hace apenas unos días habrían pasado ya dos años desde aquella noche, y creo que sólo yo hizo su réquiem particular. Me acabo de dar cuenta de que uno puede ahogarse en el agua pasada, por mucho que no mueva molino. Se nos han muerto demasiadas cosas, demasiada gente, demasiada. Yo sólo quiero que se muera también este año maldito. No vaya a ser que se dé cuenta de que ya no le queda nada que quitarme.

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Manual de guerrilla urbana (I)

11.octubre.2009
A la deriva

"A la deriva", Daniel Santo

Aquella noche, tiramos los televisores por la ventana y bajamos a la calle. Con todas las malas noticias del último año encendimos una hoguera tan grande y roja como el corazón de la ciudad. Después disparamos alegremente contra el cielo gris, contra las altas banderas y contra el miedo; subimos a la espalda de los hombres de piedra y les pintamos bigotes con un trozo de carbón. Entre carcajadas les bajamos los pantalones a los dioses, levantamos las faldas de las vírgenes y emborrachamos a los angelotes hasta que empezaron a tocar un jazz enloquecido con sus trompetas.

Entonces rompimos a bailar y dimos más y más vueltas, hasta que el beat de nuestros pies borró todas las fronteras. Y en el centro de la espiral de caos feliz, un niño sembraba el vástago de un árbol y una voz le susurraba al oído: “crear es resistir”. Yo me había quedado clavado al asfalto al ver unos ojos que había olvidado, como un ciervo deslumbrado por los faros que van a atropellarle. En mi cabeza volvieron a sonar las canciones de aquel bar; no sé si es apropiado bailar en medio de las ruinas, pero quizá el mejor momento para un vals sea después del bombardeo.

Cuando el futuro decepciona, el hombre siempre vuelve al pasado. Últimamente escribo para contar las cenizas, para nombrar los escombros, como un robinson haciendo inventario de los restos del naufragio. Escribo para volver a la época en la que sólo me preocupaba escribir, pero estoy demasiado viejo para creer las mentiras de los niños y soy demasiado joven para empezar a creer las de los viejos. Me he sentado un rato lejos de la batalla, sin saber dónde poner las manos, si en un fusil cargado de futuro, en otro café o en tu muslo izquierdo; con el recuerdo de una tarde de lluvia, de tu pelo enredado.

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