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Wendigo

16.marzo.2010

De Licantromaquia. Córdoba, 2009

puedo escucharla llamándome si cierro los ojos

soy una pantera masticando a un mono y vigilando la selva

pero a veces pienso que soy un racimo de ahorcados colgando de una parra

creo que tengo fiebre

mírate las manos

¿es que no ves las garras que hay bajo tus dedos?

atiende al anciano tambor de la sangre

me dijeron que me subí  al tejado y salté gritando

sol, déjame en paz: la luna me ilumina, en esta ruina entra la claridad

ahora no sé si la sangre sabe a asfalto o el asfalto a sangre

he aprendido que la luna también me persigue

pero ya estoy mejor

aliméntate en las entrañas abiertas de los despojos del sol

levántate como un ángel de hidrógeno a punto de explotar

corre a las colinas tras mis pasos

corre hasta tener pezuñas de fuego

puedo oírla tras de mí por toda la ciudad

uñas de perro rascando el cemento

yo no quiero ir con ella pero su voz es piel desnuda contra la hierba y el rocío

sólo necesitas tu hambre y un rastro que seguir

yo te daré un horizonte inagotable

yo te daré carne y sangre y madera y roca

seguir luchando es tratar de matar la madrugada

…no, no, no iré con ella!

soy el susurro que despierta al depredador

soy el viento que enloquece a los fareros

abandónalo todo, corre junto a mí

mi nombre es wendigo

wendigo,

wendigo,

wendigo

no sé si podré  resistir mucho más tiempo

Mírate, reptando entre cascotes y matojos,

retorciéndote como una culebra que se ha mordido la lengua.

Te mueves por la ciudad como los barcos hundidos,

que navegan movidos por la marea en el fondo del océano

con el esqueleto del capitán amarrado a un timón inservible.

Tendrás que aprender que la ciudad no acoge a la marca de Caín;

sólo la tierra.

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Demasiada gente, demasiada

5.noviembre.2009

Se nos ha muerto demasiada gente este año. Se nos ha muerto José Luis López Vázquez, un hombre que todo el mundo habría querido por abuelo. También un tal Michael Jackson, que tenía lo que se necesita para ser un genio, un mito: un talento arrollador y tantas sombras como luces. Se nos ha muerto Levi-Strauss, una de las mentes más brillantes del siglo XX, dejándonos un poco huérfanos a todos los que amamos las letras. A algunos se les ha muerto la ilusión al descubrir, con el primer año de Obama, que también él es sólo un hombre. Se nos han muerto millones de personas, a manos de otras personas o de problemas que otras personas podrían haber solucionado. Demasiada gente.

Se nos ha muerto también Francisco Ayala. Viví en una casa en la que él vivió de niño. Leyendo sus obituarios, revisando los libros que tengo de él en la estantería, buscando aquel cuento que tanto me gustó cuando estudiaba, no puedo pensar en nada más. Viví allí muchas cosas y también todas ellas se me han muerto entre los dedos. Hace apenas unos días habrían pasado ya dos años desde aquella noche, y creo que sólo yo hizo su réquiem particular. Me acabo de dar cuenta de que uno puede ahogarse en el agua pasada, por mucho que no mueva molino. Se nos han muerto demasiadas cosas, demasiada gente, demasiada. Yo sólo quiero que se muera también este año maldito. No vaya a ser que se dé cuenta de que ya no le queda nada que quitarme.

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