Wendigo
De Licantromaquia. Córdoba, 2009
puedo escucharla llamándome si cierro los ojos
soy una pantera masticando a un mono y vigilando la selva
pero a veces pienso que soy un racimo de ahorcados colgando de una parra
creo que tengo fiebre
mírate las manos
¿es que no ves las garras que hay bajo tus dedos?
atiende al anciano tambor de la sangre
me dijeron que me subí al tejado y salté gritando
sol, déjame en paz: la luna me ilumina, en esta ruina entra la claridad
ahora no sé si la sangre sabe a asfalto o el asfalto a sangre
he aprendido que la luna también me persigue
pero ya estoy mejor
aliméntate en las entrañas abiertas de los despojos del sol
levántate como un ángel de hidrógeno a punto de explotar
corre a las colinas tras mis pasos
corre hasta tener pezuñas de fuego
puedo oírla tras de mí por toda la ciudad
uñas de perro rascando el cemento
yo no quiero ir con ella pero su voz es piel desnuda contra la hierba y el rocío
sólo necesitas tu hambre y un rastro que seguir
yo te daré un horizonte inagotable
yo te daré carne y sangre y madera y roca
seguir luchando es tratar de matar la madrugada
…no, no, no iré con ella!
soy el susurro que despierta al depredador
soy el viento que enloquece a los fareros
abandónalo todo, corre junto a mí
mi nombre es wendigo
wendigo,
wendigo,
wendigo
no sé si podré resistir mucho más tiempo
Mírate, reptando entre cascotes y matojos,
retorciéndote como una culebra que se ha mordido la lengua.
Te mueves por la ciudad como los barcos hundidos,
que navegan movidos por la marea en el fondo del océano
con el esqueleto del capitán amarrado a un timón inservible.
Tendrás que aprender que la ciudad no acoge a la marca de Caín;
sólo la tierra.

Antonio Santo (Málaga, 1985) es escritor y músico. Se licenció en Filología Hispánica por la
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